miércoles, 18 de noviembre de 2015

EL PEAJE



Era una noche aburrida y tediosa como cualquier otra en el gris trabajo de un viejo
cajero de peaje. Además esa semana le tocaba trabajar en el turno de noche y el
aburrimiento se multipLicaba en una de esas largas noches en las que casi no
pasaba ni un vehículo. Su única compañía hubiese sido su compañero Ernesto,
pero por desgracia a él esa noche Le tocaba la entrada de camiones y vehículos
pesados que se encontraba en La cabina más alejada.
Hacían mas de veinte minutos desde que pasó el último coche y estaba empezando
a perder su lucha contra el sueño cuando a Lo Lejos apareció uno de esos coches
tuning que parecían una atracción de feria con sus luces de neón y su música a todo
volumen...
Escuchar Daddy Yankee a todo volumen a las cuatro de la mañana ya hubiese sido
motivo suficiente para odiar al grupo de macacos que había en el interior del
vehícuLo. Pero al bajar Los cristales tintados de la ventanilla su repulsa aumentó aL
ver a un niñato de unos veinte años con una camiseta sin mangas y el típico cuerpo
de haberse machacado en el gimnasio aderezado con un poco de esteroides.
Además tenía todo eL brazo, el cuello y parte de la cara tatuados, pero lo más
impactante de su aspecto de matón de discoteca era una funda metálica en los
dientes superiores que hacía que su aspecto fuera incluso más amenazante y
aterrador.
- ¿Qué pasa abuelo tengo algo pintado en La cara o qué?
Tras hacer la pregunta se escucharon unas risas de Los otros ocupantes del
vehículo, debían ser unos tres mas y cuando vieron que su “Líder” se envalentonó
aprovecharon para asomarse por Las ventanillas para ver la cara de miedo del
viejete mientras su amigo le empezaba a molestar.


- Vamos Tutankamón que no tenemos toda la noche ¿Cuánto es?
- Un euro y medio — contestó el viejo sin levantar la cabeza.
- ¡IPero serás ladrón!!! No me jodas cada día es más caro.
- Tiene usted razón señor pero yo no pongo los precios, yo solamente soy un
“mandao”.
- Jajaja mira el viejaLes que educado que me llama de usted y todo. Me has caído
bien Tutankamon, ¡jSal de la cabina que nos vamos de fiesta!!!
- Disculpe señor pero no puedo abandonar mi puesto.
- ¿Seguro que no te quieres venir? — El matón alargó el brazo y le dio un billete de
cinco euros para pagar el peaje.
- No, muchas gracias — le dijo el hombre que no levantaba la mirada del suelo de
puro terror.
Mientras contaba el cambio que tenía que devolverle aprovechó para Levantar la
barrera, cuanto antes se fueran mejor.
- Aquí está su cambio señor— dijo tratando de no cruzar la mirada con él.
En ese momento un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando sintió como una fuerte
mano le agarraba de la muñeca.
- ¡Te vas a venir con nosotros quieras o no!!! — Mientras pronunciaba esas palabras
sacó una cuerda y con un nudo que ya tenía preparado le até la mano.
Sin mediar mas palabra el matón aceleré su coche al máximo y salió quemando
ruedas mientras de la ventanilla salía más y más cuerda que debían tener
enrollada dentro del coche.
El hombre paralizado por el miedo, intentó desesperadamente deshacer el nudo,
pero era muy complejo y se notaba que lo habían preparado para resultar casi
imposible deshacerlo. No sabía cuanta cuerda había dentro del coche y en
cualquier momento recibiría un fuerte tirón que le podría arrancar el brazo o lo que
es peor le arrastraría detrás del coche de los matones. Esa gente desalmada
podrían arrastrar su cadáver durante kilómetros antes de soltar la cuerda.
El hombre recordó que sus hijos le habían regalado una navaja suiza por el día del
padre, una de esas multiusos que sirven para todo y en realidad no sirven para
nada. Intentó en vano cortar la cuerda, pero parecía una de esas de alpinismo ultra
resistentes y preparadas para soportar roces contra la roca y grandes tirones.
Su compañero de trabajo al escuchar sus gritos salió corriendo hacía su cabina sin
saber que sucedía y al ver la cuerda atada a la muñeca de su amigo y como el coche
se alejaba a toda velocidad se quedó petrificado.
Cuando todo parecía perdido, sucedió lo que menos se hubieran podido esperar, el
otro extremo de la cuerda salió por la ventanilla del coche que se alejó a toda
velocidad...
Realmente la cuerda nunca había estado atada al interior del coche. Tan sólo fue
una broma macabra y de mal gusto con la que los matones pretendían darle el
susto de su vida al pobre hombre del peaje.
Mientras su corazón bajaba el ritmo de pulsaciones, que a punto estuvieron de
causarle un ataque cardíaco, se dio cuenta de que del miedo se había hecho pis
encima, pero la verdad es que eso le importaba poco cuando había visto tan cerca
la muerte. Esa noche no volvería a pasar sueño en su turno

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