martes, 25 de julio de 2017

EL ULTIMO CLIENTE



Una noche oscura , un taxista vuelve por una solitaria carretera de montaña tras haber llevado a un pasajero a su destino, pero mientras conduce, encuentra a un nuevo cliente en el arcén de la carretera.

Despues de montarlo en el taxi, el cliente le da una dirección desconocida para el taxista pero el pasajero le comenta que el será el que lo guíe hacia el destino.

Tras conducir un buen rato cruzando pequeñas aldeas y campos, el taxista comienza a inquietarse. Siguiendo con la conducción y viendo que estaban en medio de ninguna parte, el taxista se gira hacia atras y le pregunta a su cliente donde se encuentran. Al volver la cara para hablarle ve sorprendido que el cliente ya no está allí pero al volver su mirada hacia la carretera se da cuenta de que está al borde de un precipicio donde está vez será la gravedad la que marque velocidad y destino.

domingo, 23 de julio de 2017

EL HOMBRE Y LA BRUJA



Cuenta la historia, que un joven se había enamorado por completo de una hermosa mujer, a la que no se le conocía mucho en la comunidad.

Un día, mientras el joven y sus amigos salieron a dar una vuelta por los alrededores y mientras estaban bebiendo a uno de los que ahí se encontraban, comenzó a decir cosas extrañas sobre la mujer de la que se había enamorado su amigo, muchas de estas interrogantes eran, ¿Por qué  la mujer salía todas las noches?, ¿A donde se dirigía?, en ese momento, alguien afirmo que ella era una bruja y que salía por las noches para convertirse en una animal.

Nadie creyó esa historia. Sin embargo, el joven decidió despejar todas sus dudas y comprobarlo el mismo, para eso, siguió a la mujer en una de sus escapadas al bosque y sin percatarse de la presencia de otra persona, la bruja se convirtió en una lechuza y voló muy a lo alto de un gran árbol.

Ese instante fue una horrible experiencia para el joven, quien salió corriendo del lugar para refugiarse en su hogar.

Muchos dicen que desde ese día, aquel joven nunca volvió a salir y sobre la bruja, desapareció inexplicablemente

martes, 11 de julio de 2017

LOS ULTIMOS DE NOVIEMBRE



Trabaje como guardia de seguridad en una quinta que estaba ubicada en fama#1 santa Catalina N.K Industrias vago del poniente. Tenia un compañero de nombre Jorge Cardenas(mi tocayo)él era él encargado de el turno de día y me entregaba la guardia en la noche.
Un día que hacia mucho frío,eran los últimos de en mes de noviembre, él viento estaba muy fuerte.Ese día me dijo Jorge:
-Oyes tocayito? él ultimo trabajador va a salir como a las 9:30 para que te pongas al tiro.
Y yo le dije:
-Esta bien,estaré pendiente.
Y así paso,me fui al comedor a preparar un café,enseguida me fui a la oficina del trabajador y le di una taza,este me dijo:
-Gracias guardia por él café. Usted es muy buena gente,no le da miedo guardia?
Yo le contesté:
-No,para nada,dios esta conmigo.
Él se empezó a reír y entonces yo le pregunte:
-De que te ríes?
Él me respondió:
-No,de nada guardia.
Él estuvo con migo un rato,después se levantó y me dejó un lonche para que me lo cenara y después se cambio de ropa y se fué.Entonces cerré los vestidores, di él último reporte de las 11pm como todo guardia me dormí.

A eso de la 1:40 de la madrugada,me desperté, tenía un poco de frío, me puse mi segundo rondín y me lleve mi lonche para calentarlo.

Iba silbando como mi lampara prendida para que no me diera miedo,cuando de repent e ví un gato amarillo,lo espanté y se fué,no me dió tanto miedo,nomas un poco de escalofríos y pensé:
"Primero dios"
En eso se viene un viento helado y en esa área donde estaba hay una palma,esta se movía y me daba un poco de miedo verla,bueno,pues por ahí abajo de la palma había una banquito como en los parques,de pronto veo una silueta y fijando bien la vista vi a un niño gordito como de unos 8 años,se me hizo raro,entonces fue cuando le pregunté:
-Oye niño,como te llamas?
No me contestó, pero le pregunte de nuevo:
-Por donde saltaste para llegar aquí?
Se le veía muy serio,y como no me contestó tampoco,le volví a preguntar:
-No tienes frío?
Él movió la cabeza asintiendo y como yo llevaba una chaqueta negra de piel enseguida me la quité y se la puse,entonces le seguí preguntando:
-Donde vives?
Él no hablaba, solo apuntaba hacia unas tablas que estaban tapadas a unos 10 minutos de allí,entonces se me puso la piel de gallina y le dije:
-Toma mi lonche y mi café,come.
Vi como se lo comía y le dije:
-Ya es muy tarde,ahora si me puedes decir donde vives?
Él volvió a señalar a las tablas grandes que estaban ahí,quise enchufar la lámpara pero no funcionaba,luego pensé en comunicarme con él supervisor para reportarme pero mi radio tampoco funcionó,pensé en llevar al niño a la caseta y preguntar quien le conocía.
Entonces en esos segundos que perdí de vista al niño,me di la vuelta y ya no estaba, solo mi chaqueta negra,la cojí y debajo de ella estaba el lonche!!!
Cojí mis cosas y empezé a correr,casi no me quedaban fuerzas,lo peor es que alcanzé a ver que él café estaba justo por las tablas grandes que él niño me había señalado antes,allí dejé él café y seguí corriendo hasta la caseta.Tenía las luces enchufadas y en eso que me suena la radio,luego entra mi supervisor Daniel y me regaña diciéndome:
-Te quedaste dormido!Ya no tengo mas de media hora afuera y no contestas!
Yo le dije:
-No!Que raro!
Pero lo mas raro es que también la lampara se encendió.

Luego le conté lo sucedido, y solamente me dijo:
-Hablamos mañana.
Al día siguiente llegó otro guardia,este me llevó a la oficina del gerente y ahí me mostró la foto de un niño y me preguntó:
-Es este él niño que viste?
La vi con sorpresa y le dije:
Si,ese es él niño que en la noche estaba sentado conmigo ahí en él banquito.
Él supervisor me dijo:
-Ese niño hace mas de 40 años que murió ahogado en una noria de agua que esta tapada justo ahí donde están las tablas.
Me quedé helado al escuchar a mi patrón y le dije:
-Jamas vuelvo aquí ha este lugar.
Desde entonces jamás volví a trabajar de guardia.Después fui a por mis cosas y hablé con él jefe,le conté lo sucedido y él me dijo que él niño era de una familia anterior a los nuevos dueños y supe que no solo pasaba eso,sinó que también se oían risas,ruidos y que corren alrededor de la quinta y que por ese motivo los guardias no aguantaban!+

¡¡¡Dicen que ese niño sigue apareciendo los últimos de noviembre que fué la fecha de su muerte!!!

EL SEÑOR POLO



Es domingo, y te despiertas bien temprano para ir a recibirlo a la puerta, porque sabes que él es muy puntual. Apenas tienes cinco años y recién estás aprendiendo a leer y a escribir, pero aun así sabes que a las nueve en punto de la mañana él llega como todos los domingos. Y siempre viene.1

No eres la única que sabe que él vendrá; todos tus amiguitos del barrio también van a la puerta del jardín de sus respectivas casas y miran hacia donde empieza la calle, esperando que aparezca doblando en la esquina. Te levantas de la cama, te vistes tan rápido como puedes y corres a la cocina para desayunar. Te sientas en la mesa sin saludar al resto de la familia; pero no importa, ellos saben que todos los domingos por la mañana estás con la cabeza en otro lado. Tomas la leche con galletas sin despegar los ojos del reloj de la pared que marca las 8:55 a.m. Mejor apurarse, él es muy puntual. Él. El Sr. Polo. Tú y todos tus amiguitos lo llaman así. El Sr. Polo, el vendedor de los helados más ricos de todo el barrio. El hombre más simpático y divertido que cualquier chico podría llegar a querer. Los chicos lo quieren tanto como él a los chicos, y eso es porque no existe en el mundo heladero con sonrisa más radiante.

¿Qué es eso? ¡El motor! ¡Ese inconfundible motor! Escuchaste muchos motores en tu vida, pero el de la camioneta del Sr. Polo lo reconoces enseguida. Se te abren los ojos más de la cuenta y miras a tu mamá; ella te sonríe comprensivamente y te da un billete para que gastes. No dudas ni un segundo en tomarlo, guardarlo en tu bolsillo y salir corriendo al jardín. El día está radiante, desde la puerta se ve muy bien. Se abren las puertas de todas las casas… ¡ahí están tus amiguitos! ¡Todos, al igual que tú, miran sonriendo la esquina, esperando que aparezca la enorme camioneta blanca! Y todos se restriegan las manos, pegando saltitos, sonriendo. Estás nerviosa porque tienes miedo de que se agoten los helados. Sabes bien que el Sr. Polo tiene a montones, pero tienes miedo igual. Y el ruido del motor aumenta… aumenta… De pronto, ¡el sonido de las campanitas! ¡No hay sonido infantil más hermoso que ése! ¡Y empiezas a saltar cada vez más ansiosa porque las campanas también se acercan! Finalmente, ahí está. Por fin dobla en la esquina la enorme camioneta blanca, y tú y tus amigos empiezan a gritar de alegría.

El Sr. Polo se ve a través del cristal con su rebosante y amable sonrisa, sacando la mano por la ventanilla para saludar a los nenes que comienzan a correr junto a la camioneta. Avanza unos metros y el vehículo se detiene. Antes de que el gordo heladero baje con su habitual uniforme blanco, ya tiene toda la camioneta rodeada de niños. ¡Y qué haces ahí parada! ¡Te vas a quedar sin lugar! Corres a la calle y te unes a la multitud de niños que no para de gritar, sacudiendo el dinero en las manos para ser los primeros en ser atendidos. Sacas el billete y te sumas a los gritos de saludo dedicados al Sr. Polo. Éste, sin dejar de saludar, empieza a trabajar, haciendo el mismo procedimiento que hace todos los domingos: abrir las diferentes puertas que tiene a los costados de la camioneta, tres de un lado y tres del otro.

Ahí están esos maravillosos helados. Lo que para ti equivale a probar el elixir de la vida. Te pones en la fila mientras el Sr. Polo toma el dinero y abre la puerta correspondiente al helado que uno de los niños elije comer ese día.

¡El sonido de las puertas! CLAP, CLAP CLAP y el Sr. Polo aparece de nuevo por el otro lado de la camioneta. No deja de sonreír. Tu sonrisa también se ensancha cada vez más. La fila se reduce, y en cualquier momento será tu turno. Por todos lados ya se ubican los niños que recibieron su helado, hablando entre ellos, felices, disfrutando, saboreando. Exhibiendo sus hermosos helados de diferentes colores. Dentro de poco estarás igual que ellos. CLAP, CLAP, CLAP, el Sr. Polo abre y cierra puertas, sacando helados de diferentes tamaños, sabores y colores. Desaparece detrás de la camioneta para abrir las puertas del otro lado y aparece de nuevo.

¡Por fin! ¡Es tu turno! Con dedos temblorosos le entregas el billete al Sr. Polo, colocándolo en la enorme palma de su mano. Y sigue sonriendo; es increíble cómo se las arregla para mostrar cada uno de sus blancos y brillantes dientes. Señalas con tu dedito y elijes tu sabor. El Sr. Polo te da la espalda, abre la puerta y la vuelve a cerrar. Se da vuelta de nuevo para entregarte tu enorme helado, que miras con ojos abiertos como platos.

Ni bien entra en contacto con tus manos, comienzas a disfrutar de ese maravilloso postre. Te haces a un lado, completamente feliz, para que tus amigos puedan ser atendidos. CLAP, CLAP CLAP, el heladero aparece y desaparece. Abriendo y cerrando puertas… Sólo que… ¿qué sucede? No puedes evitar notar que de las seis puertas, el Sr. Polo sólo abre cinco. La única que no abre es la que está justo enfrente de ti. El Sr. Polo siempre la pasa por alto; abre la de la izquierda y la de la derecha, pero la de en medio nunca la abre. ¿Por qué? ¿Qué clase de helados habrá ahí? Miras alrededor: al parecer eres la única que nota esa anormalidad. Todos los demás niños están ocupados con sus helados. Vuelves la mirada a esa puerta blanca. CLAP, CLAP, CLAP otra vez, el Sr. Polo aparece abriendo puertas y otra vez pasa por alto la del medio. Te invade la curiosidad. Te acercas poco a poco a la puerta, sin quitarle los ojos de encima. El Sr. Polo vuelve a desaparecer del otro lado de la camioneta, y te acercas más a la puerta. Expectante. Conteniendo la respiración. Es el momento, tienes que aprovechar la oportunidad.

Sin pensarlo dos veces, tomas la fría manija y abres de un tirón. Por un momento sólo ves esa especie de humo frío que sale de las heladeras, y cuando desaparece, al cabo de unos segundos, observas el interior, esperando ver en la fría y blanca caja helados de todos colores.

Pero no hay nada de eso. En su lugar, bien en el fono, está el cuerpecito de una niña con trenzas rubias y un vestidito azul, la piel blanca y fría como el mármol, y pedazos de hielo cubriéndola de pies a cabeza. Sus bracitos y piernas completamente rígidos. No puedes pensar, ni siquiera sabes qué significa esa imagen.

Antes de poder formularte alguna pregunta, una mano enorme se apoya sobre la puerta y la cierra bruscamente. El Sr. Polo se inclina para estar a tu altura, te ve directo a los ojos y, sin dejar de sonreír, te dice algo que sólo tú puedes oír: «Esos no son para ti, esos son para mí». Te sonríe una vez más, se endereza y continúa con su trabajo.2

Y tú te quedas en tu posición, viendo cómo el heladero termina con sus labores. Saluda a tus amigos, les da la mano e incluso se deja abrazar por algunos. Otros observan con ojos envidiosos cuando el Sr. Polo se inclina sobre tu vecinita para abrazarla única y específicamente a ella, de manera tierna y lenta. Qué suertuda. La eligió a ella para abrazarla. El Sr. Polo se para y le pellizca la mejilla cariñosamente, sonriendo, adorándola con la mirada. Le da la espalda mientras los niños agitan felices sus manos. El heladero sube a su camioneta, arranca y el vehículo comienza a moverse lentamente en tanto los niños vuelven a sus respectivas casas. El motor y las campanitas se pierden en la distancia, pero el Sr. Polo va a volver el próximo domingo, anunciando su llegada con esa musiquita, y quizás vayas a recibirlo nuevamente con todos los demás, saltando y gritando de alegría, viendo cómo CLAP, CLAP, CLAP abre y cierra puertas con su enorme sonrisa. Pero la puerta del medio no la abre nunca

miércoles, 5 de julio de 2017

RECLAMADA POR DIOS O EL DIABLO





Existió en México durante la época de la colonia, un matrimonio muy bien acomodado, y distinguido entre la sociedad de aquellos tiempos. Ellos esperaban con ansia a su primer hijo, y cuando el día del parto llegó su emoción no pudo ocultarse. Sin embargo quedaron sorprendidos ante la declaración de la partera, quien viendo la hermosura de la niña, dijo sin miramientos: -la hermosura de esta niña solo causara que al crecer, sea reclamada por Dios o por el Diablo-, y sin decir más, solamente se fue.

Aunque la familia se vio afectada por tal presagio, 15 años pasaron sin que le tomaran mucha importancia. Clara se había convertido ya en una bellísima jovencita, pero déspota y maleducada. Para revertir tal comportamiento, las monjas de un convento cercano, ofrecieron a sus padres llevársela y enclaustrarla para darle educación, y ensenarle el amor a Dios. Pero tan grosera como era la joven, afirmó que solo las feas y despechadas deberían estar en un convento.

Los padres entonces, intentaron casarla, pero ella puso como condición a cada caballero que la pretendiera batirse en duelo con el resto, y así mientras el tiempo transcurría decenas de ellos murieron, intentando alcanzar el corazón de la caprichosa chica que al final no se decidió por alguno,

16 años tenía para entonces, cuando cierta noche apareció bajo su balcón un hermoso caballero al que no había visto antes, tocaba una hermosa melodía, sentado sobre un elegante caballo blanco. Y sin decir nada, se acercó para dejarle a Clara una rosa. Así pasaron los días, el jinete repetía la escena noche tras noche, hasta que la joven cayó perdidamente enamorada de él. Por lo cual no dudó en darle un ¡sí!, cuando el caballero le pidió huir juntos.

Clara subió al caballo de su amado llena de felicidad y tomaron rumbo hacia las afueras de la ciudad. Ella le acariciaba la mano tiernamente, hasta que sintió algo raro, cada vez que la tocaba, sentía más vello, así que aprovechó un tramo bien iluminado por la luna y prestó atención.

La mano del joven no solo era peluda, sino que tenía en ella largas uñas, y al buscar el rostro de su amado para interrogarlo, se encontró con la mismísima cara del Diablo.

El grito de la muchacha fue tan aterrador que los pobladores fueron en su búsqueda sin tener resultados. Días después encontraron el cuerpo de Clara, tirado en el campo, tenía en su rostro una mueca de horror que nadie había visto jamás y su cuerpo estaba completamente desgarrado