miércoles, 30 de marzo de 2016

LOS SILOS DE TUNUYÀN





En el año 1897 vivía una familia de tres integrantes en la casa, la esposa Raquel de 37 años, José, su esposo de 40 y la pequeña María de 8. Se habían mudado al lugar con deseos de instalar su emprendimiento familiar de maíz, por lo que José mandó a construir los silos en el lugar. El negocio prosperó rápidamente, mientras Raquel se encargaba de los animales y del telar para la venta de prendas, la niña crecía saludablemente; pero todo no era color de rosas, pues como en toda familia alguien debe romper la felicidad en algún momento; José tenia una amante desde hace 7 años, con la que tenia planeado formar una nueva familia, pero no sabia como decírselo a Raquel y aún mas a María, por lo que lo mantuvo su secreto todos esos años. No fue hasta una noche, donde habían organizado una reunión familiar para festejar la primer cosecha del año, donde habían asistido muchas personas, entre familiares, amigos y productores. Entre las personas estaba Perla, la amante de José, disfrazada de una clienta fiel. Entre tragos y charlas, Raquel se entretuvo en una conversación, mientras José y su amante se franeleaban en la habitación de la pequeña María, fue una mala idea pues María los vio mientras jugaba con otros niños por la casa. Sin entender nada, le dijo a su madre que papá estaba jugando con otra mujer en su habitación, Raquel rápidamente e ingenuamente se dirigió al lugar y los encontró manteniendo relaciones en la cama de la niña. Raquel empezó a gritar y a largarle todo lo que encontraba a su paso a los amantes. Con todo ese lío, los invitados se fueron retirando silenciosamente, hasta dejar la casa vacía. Perla se fue como pudo, y quedaron los tres solos. María lloraba en el baño, mientras sus padres discutían a toda voz. Raquel estaba incontrolable, nunca se imagino que su marido podría hacerle eso, y lo último que le dijo fue “Me la vas a pagar con todas tus sangres…” y se fue a dormir. A la mañana siguiente se levantó mas temprano que de costumbre, mientras José y María dormían, ella preparó su telar, se sirvió unos mates y fue a la habitación donde estaba su marido, lo degolló en la cama con el cuchillo que mataba los cerdos todos los días de su vida, sintió placer al hacerlo, pero después de unas horas cayó en sus cabales y se dio cuenta de lo que había hecho, no lo podía soportar y empezó a imaginarse la ola de problemas que se le venían, pues su marido tenia muchos conocidos y contactos, era sabido que alguien intentaría buscarlo por doquier. Entonces en un mar de desesperación arrastró el cuerpo de su marido hasta la cocina y con el hacha que cortaba la madera para la estufa comenzó a cortar el cuerpo en pedazos pequeños, sabia que de ese modo seria mas fácil ocultar todo, pero no estaba satisfecha, entonces, se dirigió al galpón donde tenían una jaula con pájaros de toda clase, los mató uno por uno, los abrió a la mitad, los destripó y dentro fue metiendo todos los pedazos de su marido. Estuvo hasta el medio día haciendo su trabajo, terminó cociendo a los pájaros y los enterró afuera, si alguien excavaba en busca del cuerpo solo encontraría aves muertas enterradas, nada sospechoso María se levantó en busca de su madre y encontró la cocina llena de sangre, empezó a gritar desgarradamente y salió afuera gritando a los cuatro vientos; con el fin de no llamar la atención, Raquel la metió dentro de la casa, le coció la boca y la encerró en uno de los silos para que no le hiciera recordar el mal que le había hecho a toda su familia. Pero su conciencia estaba limpia porque sabía que su marido había roto primero el linaje con su infidelidad. Los días pasaron, y Raquel se encerró en su habitación, la niña murió en el silo arañando las paredes e intentando descoserse la boca. Raquel no soportó el dolor de no tener su familia y se ahorcó en la cocina. La masacre fue descubierta por los trabajadores de José quienes fueron a buscar su pago y encontraron la familia muerta, menos a José. El hecho fue caratulado y convertido en leyenda, transmitido por las diferentes generaciones. Con la urbanización muchos dicen haber visto a la mujer, unos vieron una mujer joven, otros una anciana; en la puerta de la casa arropando la ropita de María, su hija. Las alpargatas pertenecen a José, las cuales habían sido los primeros objetos que Raquel les largo a él y su amante aquella noche. Eso nos dejó todo más que claro, y nos heló los huesos al saber que habíamos vivido algo que venia sucediendo hace siglos y más aún sabiendo que teníamos material físico de ello. El corto terminó siendo de esta leyenda haciendo una especie de documental que tuvo mucha repercusión en el Instituto. Lamentablemente no obtuvimos la nota que queríamos por no respetar las técnicas que debíamos emplear, pero el material esta, al igual que la leyenda que hoy en día es conocida por todos los lugareños como “La masacre de los silos de Tunuyán”.

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