lunes, 14 de marzo de 2016

LA HIJA ADOPTADA




Una familia feliz compuesta por una familia homoparental, un joven de 14 años, y un bebé de apenas 1 año y medio, que era muy travieso, ya que le gustaba jugar con todo lo que tenía a la mano, sin embargo aquella dulce y cálida familia siempre había deseado tener una niña, pero el destino solo les había dado dos varones, que aunque los amaban mucho, estaban decididos en tener una niña, aunque sea adoptándola. Esta deseo los llevo hasta un orfanato, donde las monjas que allí se encontraban les presentaron varias niñas de entre 3 y 9 años que podían adoptar, sin embargo, a Nagisa, la parte materna de la familia le llamaba la atención una pequeña niña, la cual estaba algo retirada, sola en una esquina en el patio del orfanato, se veía muy solitaria y solo tenía una especie de muñeco hecho de trapo en las manos. La niña en cuestión estaba algo sucia y demacrada, esto le provoco mucha incertidumbre y extrañeza a la pareja, así que le preguntaron a la monja que los atendía: —Disculpe... ¿Qué sucede con aquella niña? ... se ve muy sola y algo descuidada ¿no cree?—. —Oh...esa es Haruka-chan, por favor, no le preste atención, aquí le damos amor a todos los chicos que nos traen, pero ella es un caso especial,—explicaba amablemente la monja—desde que llego aquí, nunca ha hablado, nunca llora, no hace preguntas, y siempre está sola, los demás niños le temen, al parecer creen que desde que ella llego tienen pesadillas, y se sienten enfermos cuando están cerca de ella, por supuesto nosotros pensamos que son solo cosas de niños, pero lo cierto es que...por más que tratamos de limpiarla, vestirla y bañarla, siempre está sucia...simplemente ella es así—finalizó. — ¿De verdad?...a mí me da mucha pena por ella, creo que deberíamos llevarla... ¿no crees mi amor?—preguntó Nagisa a su amado, colocando aquellos ojos a los que no podía negarles nada, muy a pesar de sus dudas. —Si cariño...creo que es solo una niña que necesita amor—contestó Rei la parte paterna de la familia. —Bueno, es su deseo, pero cuídenla mucho...y otra cosa, no la dejen hacer muñecos de trapo—condicionó la monja. — ¿Qué quiere decir con eso?—preguntó Rei algo dudoso ante tal condición ¿Qué diablos significaba eso? —Pueden llevársela...solo recuerden lo que les dije—volvió a advertir la religiosa. Así pues, la pareja adopto a Haruka, y desde que subió al auto con sus nuevos padres, los demás niños del orfanato, corrieron a esconderse, nadie parecía siquiera tener que verla...Nagisa y Rei, solo podían sentir pena por ella, pero por más que le hablaban en el camino a casa, Haruka no contestaba y solo miraba por la ventana, y acariciaba a su muñeco de trapo, Rei al ver el juguete, recordó lo que le dijo la monja, pero pensó que solo eran exageraciones... Al poco tiempo de estar Haruka en su nuevo hogar, las cosas se pusieron extrañas, habían muchas peleas en casa, era como si el ambiente hubiera cambiado, pero no parecía tener que ver con Haruka-chan, ella no hablaba, solo sonreía cada vez que algo malo sucedía, el mayor de los hijos de la familia, se quejaba de pesadillas, y decía que todas las noches le parecía ver a Haru-chan de pie frente a su habitación, pero al revisar, siempre la encontraban dormida en su cama. Otra cosa muy peculiar, era que efectivamente como les había dicho la monja, parecía imposible mantener a Haruka aseada, siempre estaba sucia y con mal olor, descalza y con la ropa desarreglada, era como tener un vagabundo en casa. Nagisa estaba muy preocupado, un día estando solo en casa, mientras su esposo y su hijo mayor no estaban, entro a la habitación de Haru-chan mientras ella dormía a plena luz del día, y entre sus cosas, solo habían muñecos de trapos, no sabía en qué momento los había hecho, pero tal vez se trataba de más de 30 o 40 muñecos, Nagisa estaba sorprendido, y aprovechando que Haru-chan aun dormía, reviso con más detenimiento, descubriendo que los muñecos parecían ser niños, muchos de ellos, y uno en especial tenía una tela blanca y negra, semejante a una monja...   Nagisa recordó las palabras de la monja...pero antes de poder seguir analizando su extraño hallazgo, Haruka estaba repentinamente despierta y sentada en la cama, observando fijamente a Nagisa a los ojos, como desafiándola por haber entrado y revisado sus cosas... —Ha-Haru-chan...dime... ¿Qué es todo esto?...—Habló Nagisa con voz temblorosa. Sin recibir respuesta de una silenciosa pero muy molesta niña, que demostraba su furia en su mirada, Nagisa tomó su auto, y condujo rápidamente hasta el orfanato, tratando de buscar más explicaciones acerca de estos muñecos de trapo, pero al aproximarse, solo un humo muy espeso y negro se veía a lo lejos. Al llegar, todo era un caos, el orfanato se había quemado hasta los cimientos, no habían sobrevivientes, así le confirmaron los bomberos y la policía que allí se encontraban...Nagisa horrorizado, regresaba a casa, pero en el camino de regreso tenia visiones, era como si Haruka aparecía y desaparecía repentinamente dentro del auto, algo muy aterrador, pero que le confirmaba que tal vez, en verdad, algo estaba mal con la dulce niña. Al llegar a casa, Haruka no estaba por ningun lado, sin embargo afuera en el patio dentro de una bolsa, estaban todos los muñecos que representaban a los niños y la monja del orfanato, ardiendo en llamas...Nagisa comprendió que de alguna forma, Haruka creaba maldad utilizando aquellos muñecos que ella misma creaba. Nagisa salió a buscarla por todas partes, gritaba y gritaba su nombre y no la podía encontrar, hasta que tomo su teléfono celular para llamar a Rei, pero ante, allí, en el suelo del camino que daba a un terreno abandonado, estaban dos muñecos, muy parecidos a su esposo e hijo mayo, solo que a ambos les faltaban las cabezas, Nagisa desesperado trato de unirlas tal vez presintiendo lo peor, y fue cuando recibió una llamada de un número desconocido. Nagisa contesto temblando, deseando que no fuera lo que se estaba imaginando, y fue cuando escuchó la terrible noticia: — ¿Señor Hazuki Nagisa? ...soy el oficial Matsuoka Rin, lamento decirle que el señor Ryugazaki Rei y Ryugazaki Yuu han sufrido un terrible accidente, necesitamos que usted...—. Pero Nagisa no pudo continuar escuchando, tiró el teléfono al suelo y rompió en llanto, mientras deseaba con todas sus fuerzas poder encontrar a Haruka, la niña que había cambiado sus vidas para siempre, y para su sorpresa, allí frente a él, viéndola llorar y sufrir, estaba Haruka, con su ya habitual sonrisa, deleitándose del mal que provoca en los demás. Nagisa se levantó del suelo y apresuro a atraparla, parecía estar loco por el dolor de la perdida, así que tomo a Haruka por el cuello y ahorcándola la llevo hasta el lote abandonado y solitario, luego agarró la piedra más grande que sus fuerzas le permitieron tomar, y con fuerza desmedida comenzó a golpear a Haruka una y otra vez en el rostro, desfigurándoselo y asesinándola...Haruka, por supuesto, nunca lloro, nunca dijo nada, y mantuvo siempre su sonrisa hasta morir. Nagisa luego de cometer el acto, la enterró en un agujero improvisado que había cavado...y así como estaba, manchada de la sangre de Haruka, regreso a su casa casi como un zombie, pero sabía que debía regresar para cuidar de lo único que le quedaba, aquel bebé travieso de 1 año y medio... Solo que, Haruka todavía le había alcanzado para hacer un último muñeco, uno a semejanza de Nagisa, aquel muñeco estaba en manos de su bebé travieso, ese que rompe todo lo que tiene a la mano, y en este caso, Haruka le había dejado al niño sentado en un charco de agua, atado con un cable de alta tensión junto con el muñeco de Nagisa, el cual el pobre bebé en su inocencia estaba a punto de conectar a la corriente. Nagisa gritó lo más fuerte que pudo, y corrió a tratar de detenerlo...lastimosamente no lo pudo hacer. Unas horas después, aprovechando la oscuridad de la noche, y la algarabía generada en el lugar por la muerte de un joven y su bebé, nadie se dio cuenta como de aquel terreno abandonado, una pequeña niña salía de la tierra, solo llevando un muñeco de trapo en su mano...aquella niña salió caminando, sucia, desarreglada, con muy mal olor, pero con una sonrisa en su rostro, para perderse en la penumbra de la noche.

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