viernes, 18 de noviembre de 2011

LA ANCIANA DE AL LADO


Esta es una leyenda que se cuenta por Sevilla, y que asienta sus bases en dicho hospital.


Planta séptima del hospital, en esta planta se encuentran ingresados los enfermos terminales de cáncer, pues bien la historia comienza a raíz que ingresan a una señora con dicha enfermedad y su hija era la que pasaba la mayor parte del tiempo con ella.

Una tarde estando la hija con su madre en la habitación le comenta a su madre que va a bajar a la cafetería del hospital a tomar un café y que enseguida subía, esta se dirige por el pasillo hacia los ascensores cuando al pasar por la habitación de al lado de su madre ve a una anciana en muy mal estado llena de tubos, la mujer siente una pena bastante grande por aquella señora y entra en la habitación. La anciana estaba completamente sola y la mujer empieza a hablar con ella: ¿Qué tal está? Le pregunta, la anciana hace una mueca con la cara a modo de sonrisa y le comenta que se encuentra muy mal. La mujer le pregunta por su familia y esta le contesta que no tiene familia, que está sola, a lo que la mujer le responde: pues no s e preocupe que como yo estoy aquí con mi madre yo vendré todos los día a verla. A continuación la mujer se despide de la señora y sigue su camino hacia la cafetería.
Tras haber tomado el café y antes de subir a la habitación de su madre esta hace una parada en la capilla, en la cual habían una gran cantidad de ramos de flores en agradecimiento a la virgen, la mujer se acerca a uno de los ramos y toma un clavel rojo, cuando se dispone a salir de la capilla se cruza con una monja que le reprocha el haberle quitado una flor a la virgen, a lo que la mujer le responde que ella no está robando nada y que la flor que ha cogido es para una señora que no tiene familia y que se encuentra hospitalizada con cáncer terminal.

Una vez que lega a la habitación de la anciana entra y le dice que le regala esa flor para que le haga compañía mientras que ella no pueda estar a su lado, y vuelve a despedirse pero esta vez hasta el día siguiente, ya que su madre llevaba un buen rato sola.

Ya entrada la noche cuando la mujer se disponía a dar una cabezada en esos incómodos sillones del hospital, entre sueños ve pasar a la anciana andando y que al llegar a la altura de la puerta de la habitación le hace una señal con la mano, agitándola, diciéndole adiós, y siguió su camino pero hacia la ventana del final del pasillo. Cuando la mujer ve esto sale a correr tras la anciana y sale al pasillo en el que no hay nadie.
Un poco asustada acudió al mostrador de las enfermeras y le comentó a las que estaban de guardia lo que había sucedido, las enfermeras se miraron. Le dijeron a la mujer que esa habitación en la que ella decía que había estado con la anciana llevaba cerrada varios días y con llaves. La mujer se puso pesada para que abrieran la puerta de la habitación y cual fue la sorpresa de la mujer y las dos enfermeras al ver encima de la mesita de noche que hay junto a la cama el clavel que la mujer juraba y perjuraba había dejado allí horas antes.

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