lunes, 15 de noviembre de 2010

LA LIMUSINA MALDITA


Construida en 1910 por la marca austriaca Graef Stift, estuvo involucrada en varias muertes y desgracias que a continuación pasamos a exponer y que no dejan indiferentes a ninguna persona conocedora de la historia de este tétrico automovil
El 28 de junio de 1914 comenzaba la ristra de tragedias a bordo de este automovil cuando el archiduque Francisco Fernándo y su esposa la archiduquesa Sophie fueron asesinados por el radical Gavrilo Princip. Este evento fue el desencadenante de la sangrienta Primera Guerra Mundial.
El siguiente propietario, el General Portiorek fue el siguiente dueño del coche. Volviendo de una guerra que había supuesto una humillante derrota comenzó a tener problemas mentales y murió de forma casi fulminante en un sanatorio mental.




La próxima víctima, de la cual no se conoce el nombre, era un capitán del ejército que, un día, mientras conducía el coche, se encontró con dos campesinos que le cortaban el paso. Intentó esquivarlos, lo que provocó que saliera de la carretera chocando contra un arbol muriendo los tres en el accidente.



El primer ministro de Yugoslavia fue el siguiente poseedor del auto maldito, perdió el brazo en uno de los cuatro accidentes que sufrió con el mismo. El mismo llegó a la conclusión de que el auto estaba maldito y su amigo, el Dr. Srikis, se lo compra mofándose de sus ideas. A los seis meses, el Dr. Srikis moría al volcar el coche.



Amante de las antiguedades, el joyer Simon Mantharides compra el auto y seis meses después se suicida por causas desconocidas.

El siguiente propietario, un poderoso ciudadano de la capital, paseaba un día con el coche cuando este se paró súbitamente. Cuando estaba atándolo a un carro de bueyes a modo de grua para su arrastre hasta un taller mecánico este arrancó súbitamente atropeyando al dueño y cayendo por un barranco.




La chatarra fue comprada por Tiber Hirshfield, propietario de un negocio de alquiler de coches. Lo restauró, lo pintó de azul, ya que creía que la maldición recaía en su color rojo original. Lo utilizó para vehículo de bodas, pero un día, justo la primera vez que lo utilizaba, tuvo un accidente fatal y cuatro de los seis pasajeros, incluido Hirshfield, murió en el acto


El coche pasó al "Heereschichtliches Museo de Viena", afanosamente bombardeado en la Segunda Guerra Mundial, no obstante, el coche continuó y continúa en la actualidad intacto viendo pasar el tiempo quien sabe esperando un nuevo dueño o alguien vuelva a pilotarlo y convertirse en su próxima víctima

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