jueves, 7 de octubre de 2010

¿CON QUIEN DEJAS A TUS HIJOS?

El 26 de Octubre de 1965, uno de los forenses de la pequeña ciudad de Indiana recibía en la sala de autopsias el cadáver de una joven que había sido brutalmente maltratada, vejada y violada durante días. Su cuerpo inerte yacía lleno de heridas y moratones sobre la mesa de autopsias. Aquella chica había fallecido por malnutrición, shock y hemorragia cerebral.

La víctima, Sylvia Likens, era hija de feriantes a la que dejaron junto a su hermana Jennifer Likens en manos de Gertrude Baniszewski, una vecina de confianza con siete hijos. Ellos tenían que recorrer algunas ciudades durante unos meses, y pronto volverían. Mientras tanto, pagaban a su vecina veinte dólares semanales por el cuidado de sus hijas. Pero si hubieran sabido lo que estaba a punto de suceder, nunca habrían confiado la vida de su hija en aquella casa…


Gertrude Baniszewski sufría constantes depresiones y estrés, fruto de varios matrimonios fallidos. Y cuando el dinero de los Likens comenzó a retrasarse en llegar, Gertrude desplegó su ira con las dos hermanas Likens, pero sobre todo con Sylvia, la mayor…

Recibía constantes azotes con una paleta, tortazos, era empujada contra el suelo y recibía continuos maltratos psicológicos… La tensión fue aumentando, hasta que Gertrude Baniszewski, una vecina de quien nadie esperaría nada extraño, encerró a Sylvia Likens en el sótano para que nadie pudiera escuchar sus gritos cuando era maltratada, ni sus llantos durante la noche.

Allí dispuso un viejo colchón, y solo era alimentada mediante agua y galletas saladas. Alguna vez fue incluso obligada a comer heces. Y a medida que la víctima iba perdiendo fuerza, las cosas fueron complicándose. Baniszewski hizo correr por el barrio el rumor de que Sylvia era prostituta, lo que hizo que la joven estuviera en el punto de mira de muchos vecinos.




Así, la chica llegó a ser vejada y maltratada no solo por Baniszewski y sus siete hijos, sino también por otros chicos del barrio que decidieron “castigarla” por su falsa condición de prostituta. Apagaban cigarrillos en su piel, le daban baños en agua demasiado caliente, y hasta llegaron a grabar en su tripa un horrible mensaje con la punta de una aguja: “Soy prostituta y estoy orgullosa de serlo”.



Aquellos abusos causaron su horrible muerte, después de tres meses al amparo de aquella enfermiza familia.

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