jueves, 10 de noviembre de 2016

EL HOSPITAL PSIQUIATRICO DE ARADELE






El hospital psiquiátrico de Aradele aún continúa en pie y de hecho es uno de los puntos turísticos en Australia, para aquellos que desean ver cómo era una clínica de rehabilitación mental en el pasado.



Sin embargo, en su interior aún se pueden escuchar los alaridos que quedaron atrapados entre los muros acolchonados. Hay un relato de terror que cuenta que el director del hospital a veces aceptaba encerrar a personas completamente cuerdas, si los familiares de la víctima aceptaban pagarle una gran suma de dinero, luego de cobrar la herencia.

Precisamente se dice que uno de esos potentados fue llevado contra su voluntad hasta las puertas de Aradele, para ser tratado como un interno más. A pesar de que ese individuo luchó con fuerza, con el único fin de escapar, siempre era encontrado por los vigilantes del hospitalquienes no solamente lo encerraban sin comer en su cuarto, sino que a veces lo llevaban al sótano junto a la morgue, para practicarle sesiones de electrochoques.



En uno de sus últimos intentos, dicho paciente logró coger un bisturí y amenazar a uno de los doctores con cortarle la garganta, si éste no lo ayudaba escapar de allí. Sin embargo, el director de Aradele colocó a cinco de sus guardias mejor entrenados en las salidas de emergencia y aunque con un poco de trabajo, lograron neutralizarlo.

Al día siguiente, se les anunció a sus familiares del interno, que se le practicaría un procedimiento quirúrgico en el cual se llevaría a cabo una lobotomía, la cual se haría para bloquear las funciones nerviosas de su cerebro y así dejarlo prácticamente en un estado de animación suspendida.

Aquella noche los otros lunáticos del clínica psiquiátrica Aradeleestaban haciendo demasiado ruido en sus cuartos, como previendo que un frenesí de venganza estaba por desatarse.

Luego de la operación, salió el cirujano y les comunicó a los familiares del acaudalado paciente que el procedimiento había sido todo un éxito y que ya no deberían preocuparse de sus locuras, pues lo único que él podría ser de ahora en adelante sería beber sus alimentos a través de una pajilla.

Adicionalmente, dos horas más tarde el paciente falleció y su cuerpo fue llevado al depósito de cadáveres, en donde el patólogo le practicaría la autopsia de rutina. No obstante, cuando llegó el médico se dio cuenta de que en la sala no había restos que examinar.

Subió a la oficina del director a comentarle lo que había observado y al entrar a su despacho, se encontró con que la autoridad del psiquiátricoyacía moribunda sobre el escritorio.

Espeluznado el médico forense gritó:

– ¿quién fue, quién fue? Cuestionamiento que el director del hospitalno pudo contestar, pues le faltaban tanto la lengua como sus dientes.

No transcurrieron ni dos meses, cuando la gente de esa localidad se enteró de que uno a uno los familiares de aquel inocente que fue llevado a Aradele habían muerto en circunstancias poco claras

No hay comentarios: