miércoles, 21 de septiembre de 2011

EL PERRO "GAUCHO"


Tal vez no hay una persona que no conozca el dicho popular:“El perro es el mejor amigo del hombre”. Pero lo que no todos saben es que en la ciudad de Durazno, en el centro mismo del Uruguay,hay una leyenda urbana que resulta útil como ninguna otra para cerciorar la absoluta validez de dicho enunciado. Es esta una
historia muy emotiva, que llega de cerca al corazón y que es muy conocida entre los vecinos más viejos del departamento. Esta historia comenzó a gestarse hacia fines de la décadadel sesenta, en un pequeño centro poblado del departamentode Durazno llamado “Carmen”. Se trata de un hermoso paraje que dista a unos cincuenta kilómetros de la ciudad capital y que ya ha cumplido sus primeros cien años de vida. En la plaza
principal de esta localidad hay un cartel con una leyenda que reza: “Villa del Carmen. Tierra del mejor pan y del mejor vino”. El último de estos datos es rigurosamente cierto, ya que, en efecto, los vinicultores más afamados de Durazno han instalado allí sus bodegas, debido a que la tierra del sitio es una de las mejores
para la alimentación de la viña.Por aquel tiempo, vivía en el pueblo un hombre bueno y trabajador que era muy querido por todos los vecinos, llamado Facundo Ferro. Este hombre, aunque ya estaba muy anciano, se
desempeñaba sacrificadamente como peón rural en una estancia de la zona y vivía solo en un rancho, sin otra compañía en el mundo que su perro. Era éste un animal de tamaño mediano,de pelaje negro con manchas grises y amarillas, resultado de la cruza de un ovejero alemán con un perro callejero. El hombre le tenía un profundo cariño al perro y como este sentimiento era correspondido con sinceridad por el animal los dos se
trataban entre sí con el mismo afecto con que lo harían dos entrañables amigos.Un buen día, Facundo cayó enfermo. Tenía fiebre y le dolía todo el cuerpo. Se quejaba de un constante dolor en el pecho y la sed le quemaba la garganta. Después no pudo levantarse más. Un médico rural llegó a revisarlo en su rancho
y al comprobar que padecía de un mal bastante grave aconsejó que el enfermo fuera trasladado de inmediato a Durazno para que lo sometieran allí a cuidados más rigurosos. Entonces uno de los vecinos de Villa del Carmen puso a disposición su camioneta y entre todos trasladaron al hombre para internarlo de urgencia en la ciudad capital. El animal, que no quería quedarse solo por nada delmundo, emprendió también el viaje por la Ruta 14 desde Villa del Carmen hasta la ciudad de Durazno para tratar de acompañar a su amo. Fue aquel el primer encuentro entre el perro y su futuro destino de vagabundo peregrino. Caminó sinotra brújula que su instinto y su inquebrantable amor por el amo. Atravesó montes, fatigó caminos, cruzó lagunas a nado y afrontó los peligros de los autos, de la ruta, de los alambrados, del hambre y de la sed. Finalmente, después de una rigurosa travesía, pudo llegar –aún no se sabe muy bien cómo- hasta las puertas mismas del Hospital Dr. Emilio Penza. Al arribar al edificio en el que estaba internado su dueño, flaco y cansado por el tremendo esfuerzo, el perro se acomodó junto a la ventana de su habitación por el lado de afuera y allí
se puso a gemir lastimosamente. Su aullido de dolor llegaba a tocar las cuerdas más íntimas del alma de todos quienes lo escuchaban. Era aquel el espectáculo más triste del mundo;


no había quien no sintiera lástima, profunda lástima por el dolor que debería sentir aquel pobre animal. Muchos internos conmovidos, les solicitaron a las autoridades del Hospital de Durazno que trataran de ayudarlo.Tantas ganas tenía aquel perro de estar junto a su amo, que incluso a veces, aprovechando una distracción de los empleados, se colaba por alguna de las puertas laterales y entraba en clandestino al interior del Hospital. Los empleados lo encontraron muchas veces deambulando por los pasillos y trataron de hacerle entender por las buenas que los animales no suelen tener permitida la entrada a sitios como ese. Entonces el perro se iba con la cabeza gacha y meneando la cola. Pero como regresaba con insistencia una y otra vez los empleados acabaron por comprender que no quería molestar a nadie, y fue así que al final lo dejaron hacer libremente su voluntad. Desde entonces, y durante todo el tiempo de agonía del amo, el perro Gaucho permaneció echado al costado de la cama, en un rincón de la habitación. Pasó allí días y días esperando sin moverse y el amo no lo sabía porque estaba semiinconsciente y porque además la fiebre lo hacía delirar.Los enfermeros se encariñaron con él y le daban alimentos.Como no sabían su nombre, y se daban cuenta que era un perro bueno, lo llamaron “Gaucho”, término que en el interior del Uruguay es sinónimo de “bueno” o de “bondadoso”. Y estuvo haciendo el Gaucho las veces de ángel de la guarda de su amo durante varios días hasta que finalmente hacia un amanecer, y luego de una noche de terribles espasmos, Facundo falleció. Un puñado de amigos y familiares organizó una breve ceremonia velatoria y luego llevó el cuerpo del infortunado hombre en un ataúd hasta el cementerio de la ciudad de Durazno,


dónde fue sepultado. En todo este trance,el perro Gaucho no se apartó siquiera un sólo segundo del cuerpo de su amo, pues estuvo primero echado junto al cajón en la casa de familia en que lo velaron, luego acompañó el cortejo fúnebre durante todo el camino como queriendo rendirle también él su público tributo al muerto y estuvo  también presente, finalmente, en la hora del entierro. Luego de que su amo fuera enterrado, el perro Gaucho  no se retiró del cementerio como los otros familiares, sino que se quedó haciendo vigilia al lado de la tumba, sin moverse. Los vecinos de Durazno afirman que esto fue así porque el animal no lograba asimilar por completo la idea de que nunca másvería a su amigo. Y no era raro que esperara su regreso, porque si para el amo la única compañía había sido el perro, tambiénpara el perro la única compañía había sido el amo. De hecho, si no fuera por los funcionarios municipales que trabajan en la necrópolis de la ciudad, que lo cuidaron durante todo este tiempo –dándole comida, alcanzándole agua, arropándolo las noches de frío o directamente obligándolo a refugiarse bajo techo cuando llovía –el perro Gaucho hubiera muerto, pues por propia decisión no quiso alejarse de la tumba por casi cuarenta días. Pero cuentan también los vecinos que una vez pasado ese tiempo el perro Gaucho pudo asumir la tragedia ocurrida. Ya hecho el duelo, ya asumida la dura realidad de las cosas,comenzó paulatinamente a alejar sus pasos de las cercanías del cementerio y a retirarse más hacia las calles del centro de la ciudad de Durazno. Se transformó definitivamente en un perro andariego, que deambulando de un lado para otro de Durazno conoció muchos hogares, pero que en ninguno se quedó, y eso que siempre hubo vecinos que quisieron adoptarlo. Así comenzó a escribir las páginas de una leyenda que los habitantes de la ciudad no se resignarán a olvidar.
Se dice que a partir de entonces el perro Gaucho se transformó en una especie de héroe urbano de Durazno. Fue un defensor de los niños y de los ancianos, un guardián que espantaba a los ladrones cuando merodeaban las casas, y la compañía perfecta de cualquier vagabundo solitario en las noches de frío. En todas las aventuras que se le conocen jamás peleó con ningún otro perro ni hizo con ellos manada, siendo
un vagabundo que hacía solitariamente el bien. Quienes lo conocieron afirman que esa humanidad de
su carácter se trasladaba incluso a su físico.

 Visto de cuerpo entero era apenas un perro bastante viejo y medio enclenque, pero ese cuerpo de animal dejaba entrever con claridad el corazón, el sentimiento y el espíritu de un exquisito serhumano. Esto se veía especialmente en su mirada. Era la suya una mirada humana, que transmitía amor. Dicen también que tenía una especie de sintonía con las almas bondadosas. A veces, el Gaucho estaba tranquilamente durmiendo en una vereda y de pronto salía a ladrarle como loco a los autos que pasaban. Sorprendentemente, todos los autos a los que le ladraba pertenecían a personas no queridas en Durazno.Sus lugares preferidos para merodear eran las inmediaciones de la ex tienda París-Londres, de la Iglesia San Pedro y del viejo edificio de la Onda. Era también común verlo por las calles Rivera y 18 de Julio y por la Plaza Artigas, como así también en todos los bares, clubes, oficinas y espectáculos públicos de la ciudad. Tan acostumbrados a verlo como a un familiar estaban los habitantes de Durazno que incluso el
mismo Intendente departamental Iturria había dado la orden de que el Gaucho, a quien le gustaba dormir echado en un sofá de su oficina particular, no fuera molestado por ningún concepto, ni aunque se presentara el mismo Presidente de laRepública. De tanto en tanto, sin embargo, el animal regresaba con melancolía al cementerio a visitar la tumba de su amo.Por lo demás, el Gaucho era un perro muy querido en Durazno. Los vecinos lo protegían de todo mal. Le alcanzaba recorrer algunos metros para que la gente le diera lo necesario para su sustento. Hay una anécdota que ilustra la medida de este cariño: cierta vez el Gaucho estaba durmiendo tranquilamente debajo de una de las mesas del restaurante “El Grillo”, cuando llegó una excursión de Rivera, compuesta por cerca de cincuenta personas. Entonces uno de los excursionistas, que
quiso ocupar la mesa en que estaba el Gaucho, no tuvo mejor idea que espantarlo con un insulto y una patada, agresión que hizo gemir de dolor al animal. Acto seguido, uno de los vecinos de Durazno le propinó al agresor un puñetazo que le quitó en un segundo las ganas de repetir la hazaña. Y los demás tal vez le hubieran dado una paliza si éste no hubiera optadopor huir a toda velocidad del lugar. El Gaucho era un amigo de todos y ningún duraznense iba a dejar que se lo agrediera gratuitamente. No obstante, y a pesar del enorme cariño que le tenían en Durazno al perro Gaucho, éste padeció una muerte bastante trágica por obra de la maldad de uno de sus más ingratos habitantes. Como dijimos, este perro tenía la costumbre de recorrer la ciudad como vagabundo, y quiso el destino que un mal día se dirigiera hacia una zona de la ciudad en que la presencia de perros callejeros, precisamente, era un problema. Había sobreabundancia de ellos, que descuidados por sus dueños cometían toda suerte de destrozos y a veces atacaban a la gente, razón por la cual a alguien se le ocurrió la idea de dejar desperdigadas por allí bolsas con comida envenenada,para exterminarlos. Pues bien, un día el perro Gaucho se abalanzó hacia una de esas carnadas mortales y se intoxicó, y fue la suya una conducta bastante inexplicable porque como todo el mundo le daba comida no tenía porqué sentir hambre. Agonizó en silencio algunas horas y luego dejó de respirar. Desde entonces todo el pueblo de Durazno lo extraña. Para intentar apaciguar en algo el dolor provocado por su inesperada ausencia, los habitantes de la ciudad le han rendido al perro Gaucho, a través del tiempo, diferentes homenajes.Algunos de los poetas más importantes de Durazno –como  Ruben “Tony” Cabrera y Manuel Demetrio Souza- escribieron composiciones en su memoria, ejemplo que fue seguido por otros muchos periodistas y hombres de letras de la ciudad



. Uno de los más importantes, en virtud del espíritu solidario
que trascendió su ejecución, es una llamativa estatua de bronce que reproduce en cuerpo entero la figura del perro que se encuentra ubicada en la entrada del cementerio de Durazno, el mismo cementerio en el que, años atrás, había sido enterrado su dueño. A sus pies hay una placa conmemorativa que se presenta como el epílogo perfecto con que coronar el recuerdo de uno de los personajes más tiernos que registran las leyendas de la tradición oral de la campaña del Uruguay:

LOS DURAZNENSES A
“EL GAUCHO”
POR TU INIGUALABLE LEALTAD
POR HABER SIDO NUESTRO
POR DARNOS TU LEYENDA.
Durazno, Mayo, 1999

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