lunes, 19 de junio de 2017

PREMONICION




Una golondrina se estrella contra la ventana haciendo cimbrar los cristales. Resbala dibujando un camino de sangre sobre el vidrio y queda sobre la cornisa. En el estertor de la agonía contrae sus dedos largos en un intento crispado y vano por aferrarse a la vida.

La miro compadecido, segundos antes surcaba el espacio haciendo gala de su talante, libre, orgullosa, cortando la brisa con la tijera negra y elegante de su silueta y ahora está tiesa sobre el friso de mi ventana, su vanidad convertida en un pequeño amasijo de plumas y de sangre.

Por esas extrañas cosas de la mente, tu imagen de mujer seductora que va por el mundo cazando requiebros y hechizando la imaginación de los hombres se me presenta mientras contemplo al ave muerta, y en un espejismo sin sentido y loco me parece que tu estampa impacta contra las vidrieras de mi memoria y tu fascinante garbo se convierte en una maraña de luto y desconsuelo.

Suena el teléfono. Es tu madre, desgarrada por la congoja me anuncia tu muerte súbita al estrellar tu coche contra las vitrinas del edificio. Sus palabras hacen añicos las paredes de mi equilibrio y mi aplomo se desmorona en una densa polvareda de asombro y sufrimiento.

Un gato negro, de semblante maligno como el demonio aparece y salta desde el alero llevándose al ave muerta en el hocico. Recuerdo que tú misma me contaste cómo al morir, muchas almas son cazadas por entidades siniestras de otra dimensión y enjauladas para sus horrendos propósitos.

Suena el teléfono. Tengo miedo de contestar.

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