martes, 25 de abril de 2017

LA BRUJA




Contaré mi historia. Aunque con reservas, nunca me había atrevido porque mi esposo siempre dice que solamente a los ingenuos les pasas cosas como las que voy a relatar. Soy nacida en Guatemala, de padre mexicano y madre cubana. En aquel entonces mi papá consiguió un trabajo en México en una región de Oaxaca. Ella decidió entonces seguir a mi padre y a mí me dejó muy niña al cuidado de mi abuela materna a la que siempre llamé “Mamá” pues ella en realidad siempre vio por mi desde que nací, así que no resentí la ausencia de mis padres. Además de eso tenía a mis tías que las veía como mis hermanas mayores y con ellos estaba la “Tía Lala” era una mujer mayor que cuidó de mi mamá y mis tías desde muy pequeñas y era parte de la familia, había sido “nana” de varias generaciones en la familia.

La tía Lala era una mujer de amplios conocimientos en temas de brujería y cosas sobrenaturales. Durante mi niñez me enseñó muchas cosas para defenderme de las brujas y poder “tumbarlas”, en esos lugares remotos donde vivíamos eran leyendas vivas que la gente contaba de generación en generación y casi siempre resultaban ser ciertas. Para mí era común subirme a la azotea cada viernes con ella a ver bolas de “lumbre” bajar de un cerro cercano y “volar” en círculos cerca de las casas, a lo lejos y con la misma regresar a las cumbres para perderse en la obscuridad, para mí era un espectáculo fascinante; pero para otras personas eso significaba el terror.

Conforme crecí y me di cuenta de los alcances de la Tía Lala, supe los verdaderos motivos por los que mi mamá decidió dejarme con mi abuela muy a su pesar. Cuando recién se fueron a Oaxaca mis padres, me llevaron con ellos, yo tenía meses de haber nacido, al estar en esas regiones mi mama sufrió un episodio de horror al ver que intentaron robarme; pero no fue una persona común, era un ser horrible que a la postre la calificarían como “Bruja” . Después de esa experiencia de sentir el miedo a perderme en manos de algo incomprensible; pero a la vez muy real en ese lugar. Muy a su pesar me trajo con mi abuela y me dejó al cuidado de la tía Lala, sabía que la señora era la única que podía cuidarme y protegerme de esas horribles presencias.

La tía me contó que siendo muy joven perdió a sus dos únicos hijos a manos de una bruja, los niños se fueron enfermando gradualmente y nunca encontraron el motivo, un día halló muerto a uno aparentemente desangrado y el otro murió por una fuerte anemia, después de eso Lala se dio a la tarea de averiguar el motivo de la repentina muerte de sus hijos, algo no encajaba del todo y encontró que una vecina bruja se transformaba en Chompipe (guajolote) y de alguna manera les drenó la vida a ambos hijos. Juró vengarse y destruir a la bruja que dio muerte a sus pequeños y dice que lo logró, desde ese momento amplió sus conocimientos para ayudar a otras familias en caso de que estuvieran siendo acosadas por estos seres infernales.
Con el tiempo ella me contó una manera de poder tumbar y matar a una bruja. Al descubrir al animal que merodeaba en la casas había que prender carbón y echarlo en un anafre con chiles secos, había una variedad en particular llamada “Habanero Maya” que son tremendamente picantes, al ponerlos en las brazas estos despedían unos vapores y humos insoportables que hacían toser a todos y el animal caía al filo de la puerta retorciéndose por el picor de los chiles al respirar el humo que estos emanaban. Para cuando pasaba esto había que masacrarlas con varas de carrizo verde hasta que huyeran, se trasformaran en mujeres de nuevo o murieran por los golpes. Cuando el animal no se transformaba para revelar la identidad de la bruja, había que untarles excremento de vaca o toro y envolverla con tela, dejándola huir. Al poco tiempo regresaba ya convertida en mujer, con golpes y moretones, con hambre y con sed pidiendo perdón por el mal causado. Había cosas más osadas para destruirlas; pero había que seguirlas a sus dominios y eso era peligroso para una persona que no sabía lidiar con aquellas fuerzas sobrenaturales que eran invariablemente protegidas por el maligno. De ahí emanaba su poder. Esa fue enteramente mi infancia, al estar rodeada de mitos y prácticas de hechicería para vencer a aquello que atormentaba a los niños de la región. Yo en particular me sentía protegida por ellas, aunque intuía que me protegían de algo que nunca me quisieron revelar.

Pasaron los años y al cumplir los 19, me fui a Oaxaca a estudiar, empecé rentando un cuarto, mis padres en aquel entonces vivían en un rancho metido en la sierra y lejos de la ciudad, cada que podía iba a verlos y el camino era bastante largo y cansado. La mayor parte del tiempo cuando no estudiaba me la pasaba en mi casita, la cual era un poco amplia y vivía con dos fieles perras de raza doberman y gran danés, que me cuidaban todo el tiempo, siempre alertas. Cierta noche seria ya de madrugada cuando tuve la necesidad de ir al baño. El cuarto que rentaba tenia los baños en el patio trasero por lo que había que salir. Me acompañé de mis perras y mientras hacía mis necesidades comenzaron a gruñir por lo bajo y a ponerse algo tensas. Estaban viendo fijamente a una palmera que estaba en la cerca y había crecido junto con una bugambilia cuyo follaje cubría la mayor parte del lugar.

Las perras estaban en posición de alerta gruñendo y yo me quede estática intentando ver a que le ladraban, pasé unos minutos con la mirada clavada a las ramas de los árboles y de pronto me asustó el movimiento repentino de estas, había algo oculto ahí y era grande porque se movieron violentamente. El ruido de un batir de alas enorme me hizo pensar que se trataba de un búho o un zopilote, por esos lugares eran comunes; pero al revisar bien noté que en efecto era un animal alado; pero no alcancé a distinguir cual. El movimiento y el ruido hicieron que mis mascotas comenzaran a ladrar frenéticamente y corrieron hacia el árbol intentando subir sus ramas y ladrando con desesperación. No quise saber más les grité a mis perras; pero el temor me invadió y corrí asustada por un pasillo hasta mi cuarto. Cerré la puerta y me quedé recargada en ella en tanto escuchaba ladrar a mis animales y me entró la angustia cuando las dejé de escuchar. El silencio se hizo presente y luego de un rato unos rasguños en la puerta me alertaron. Eran mi perras intentando entrar, estaba petrificada en el piso. El llanto de mis animales era de temor y no podía siquiera levantar mi mano para abrirles. Luego se callaron y se fueron corriendo por el pasillo supongo que a buscar refugio. Pasaron los minutos y el ruido de algo golpear la lámina del techo de los cuartos me puso los pelos de punta.

Pude notar que algo pesado cimbró la lámina y de pronto aquello comenzó a moverse por el techo sumiéndolo en tanto avanzaba hacia a mí, empecé a temblar sin control y a llorar entre sollozos sin comprender que estaba pasando, en ese momento recordé a mi tía Lala y desee que estuviera ahí conmigo. Cuando pensaba que algo me iba a pasar las perras comenzaron a aullar haciendo un ruido estremecededor, lo que sea que estuvieran haciendo, hizo que aquello que estaba postrado sobre la lámina simplemente se alejara como si de un ave se tratara, dio un brinco desdoblando el techo, en medio de un ruido de viento que intuía era de algo grande. Mientras aquello parecía alejarse los demás perros de la colonia comenzaron a ladrar y aullar con desesperación. Mi corazón temblaba y me quedé un rato, sentada en el piso llorando.

Después de que me invadió el silencio, y me calmé pensando en que todo había terminado abrí la puerta con precaución y vi que mis perras estaban ahí echadas y me miraron con asombro. Se metieron rápidamente al cuarto y se metieron en mi cama. Me acosté junto a ellas y traté de dormir después de sentir el temor, con mi mente más clara, supe de inmediato que era una bruja la que andaba merodeando en los alrededores. Al llegar la mañana tenía que alistarme para ir a la universidad a inscribirme y arreglar unos documentos. Dejé a mis perras con alimento y agua. mientras cerraba la puerta de mi cuarto a lo lejos pude ver a otros inquilinos que al parecer regresaban del súper, venían con bolsas y llevaban a su pequeño hijo, un bebé de escasos meses que de pronto me despertaba por la madrugada al escuchar sus llantos. En ese momento sentí un escalofrío al asociar la aparición de la “bruja” con el bebé. De inmediato dejé mis cosas en el pasillo y antes de que la vecina entrara le pedí hablar con ella unas palabras.

Se me quedó viendo con extrañeza y le comenté si había escuchado cosas raras la noche anterior u otras noches. Le pregunté si escuchó “algo” caminar o rodar por el techo durante la madrugada, ella comentó que tanto ella como su esposo durmieron profundamente sin darse cuenta de lo que pasaba, eso le preocupaba por que el bebé comía a ciertas horas, al cuestionarme el porqué de mis preguntas. Me puse seria y la vi a los ojos diciéndole que sospechaba que una “bruja” merodeaba en la propiedad y que temía que le hiciera algo al bebé. Después de decirle esto, se rio de mi y se metió negando con la cabeza, cerrándome la puerta en las narices.

Me regresé abrumada a mi cuarto pensando en lo que acababa de decir y pensé que era una psicosis mía, crecí entre esas leyendas y costumbres, quizá había sido un zopilote. En eso mi perra gran danés se acercó a mí y comencé a acariciarla, me di cuenta de inmediato que tenía una protuberancia algo considerable atrás de su cabeza, era como una bola extraña algo endurecida, además de eso tenía un ojo entrecerrado como si un animal le hubiera picado. Eso me preocupó, pensé que había sido una araña, ahí había muchas. Al decirle a mi perra que tenía sus ojitos hinchados, escuché una voz detrás de mí que decía: “Tu también tienes el ojo chiquito…”

Al voltear a ver quien había dicho eso, era la vecina que llevaba un cesto de ropa para tender. Me vio y me dijo: –Por favor no vuelva a comentar nada de eso, sobre “brujas” y eso. Mi esposo se molestó. Al decir esto se dio la media vuelta y me dejo ahí pensando, al revisarme al espejo en efecto, tenía mis ojos como hinchados, al hacerme el cabello por detrás de las orejas para verme bien, sentí un bulto. Era como un ganglio inflamado. Entonces relacioné de nuevo todo, lo que me había dicho Lala hacía mucho tiempo como advertencia. Que eran “malos aires” señales de calamidades al haber presencia de brujas. No quise pensar mas y me fui a la universidad. Al regresar la vecina estaba esperándome en la entrada de mi cuarto con el rostro de preocupación, al preguntarle qué pasaba, la invité a pasar y platicamos.

Me comentó que estaba temerosa por la conversación que tuvimos en la mañana, que no le quería decir a su esposo; pero había platicado con un vecino acerca de la noche anterior y que ya dos personas que mencionaban el término “bruja” era demasiado. Me contó que el vecino se acercó mientras ella tendía la ropa y le dijo que tuviera cuidado, al preguntarle el motivo este respondió que la madrugada anterior había dormido en el pasillo exterior de su casa, que colindaba con los cuartos, al sentir mucho calor durmió en una hamaca y que por la madrugada fue despertado por el ladrido de mis perros, que al levantarse para revisar que sucedía le sorprendió ver una especie de alumbrada que parecía “caminar” por el techo de lámina, al acercarse para ver mejor que era aquello, se espantó de ver que era una bola de fuego que rodaba por el techo. Pensó de inmediato que eso quemaría la casa y corrió para alertarnos; pero apenas dio un paso para correr y la bola de fuego del tamaño de una pelota simplemente alzó el vuelo haciendo un ruido parecido a una ventisca y desapareció entre la obscuridad de la noche. El hombre simplemente se metió a su casa espantado de ver aquello y no quiso salir más hasta la mañana. Lo primero que hizo fue comentarle a la vecina que quizás una bruja andaba rondando los cuartos como tenia bebé, algo le quería hacer. Eso aterró a la vecina y más cuando sin querer se enteraba lo que decía la gente de los alrededores: Que una bruja andaba volando entre las casas. Poco tiempo después la vecina bautizó a su pequeña hija y se fueron sin decir nada de la cuartería. Nunca supe su destino. Mi vida continuó y no niego que supe y enfrenté situaciones extrañas involucradas con estas mujeres amantes del diablo. Actualmente vivo en Mérida, Yucatán y hasta la fecha estas aberraciones siguen siendo parte de mi día a día; pero ese será motivo de otro relato


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