martes, 11 de octubre de 2016

EL CORDERITO





En un pueblecito de Extremadura, España, había un pastor llamado Bernardo. Todos los días llevaba un pequeño rebaño en el monte. Un día después de recogerlo, metió a todos los animales en un corral de madera y bajó de nuevo a casa, como todos los días, montado en un burro al anochecer.

En medio del camino se encontró con un corderito y pensando que se había extraviado, quiso llevarlo a casa para protegerlo, entonces lo cogió y lo montó detrás de él, en su burro, y ambos continuaron su recorrido.

Al rato, Bernardo escuchó que algo se arrastraba por el suelo. Y miró hacia atrás, se llevó tremenda sorpresa al descubrir que aquellas patitas cortas y blancas del cordero se habían convertido en unas enormes zarpas que iba arrastrando por la arena, volteo de nuevo hacia enfrente diciendo:-¡Ay Dios mío!, cómo le han crecido las patas a este bicho!-, y una voz grave le respondió: -¡Y MAS ME HAN CRECIDO LOS DIENTES!-.

Con la cara desencajada y un terrible escalofrío subiendo por su nuca, se giró lentamente para encontrarse, que el tierno cordero portaba un rostro demoníaco. Sus brillantes ojos rojos le veían fijamente y paseaba su pegajosa lengua entre sus dientes afilados que parecían cuchillas. De inmediato lo empujó del burro, arrojándolo al camino.

Desde aquella noche Bernardo no volvió a ser el mismo, llegó a casamudo, pálido y aterrorizado. Cuando contó lo sucedido, no hubo quien le creyera ni una palabra.

Dos meses después, se tiró por un acantilado. Y su única hija, los hizo también unos años después de la misma forma.

No se sabe que le ocurrió a Bernardo y su hija, pero hay gente rumora que aquel extraño cordero, era el mismo Diablo.

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