sábado, 30 de agosto de 2014

LOS BOSQUES DE MYASNOV BOR



Ubicados a pocos kilómetros de la ciudad rusa de Novgorod, son uno de los misterios más grandes relacionados con la guerra y los fantasmas.
Quienes se atreven a ingresar a este sitio lúgubre y tenebroso afirman escuchar gritos de arenga de soldados nazis y rusos, como si las personas allí fallecidas no pudieran descansar en paz y continúan con esta batalla de la 2da Guerra Mundial.
Una comisión investigadora llegó a la región en 1997 y observaron como un grupo se árboles se mecía hacia un sector sin que haya viento.
Cuando llegaron a ese sector vieron con sorpresa un grupo de tumbas con huesos, cascos y chalecos de 6 soldados rusos y 11 alemanes.

A la mañana siguiente fueron al lugar de la excavación y observaron con sorpresa y terror que había huellas recientes de botas militares e incluso marcas de las orugas de un tanque, sin que hayan oído el estruendo de paso de semejante vehiculo.Como estaba oscureciendo, decidieron dejar las tareas para el día siguiente y acamparon a 250 metros. Por la noche comenzaron a sentir extraños ruidos como risas, canciones y órdenes en alemán así como el ruido de una batalla.
Incluso cuando investigaron se dieron cuenta que eran las huellas de un tanque alemán de la 2da guerra mundial… tal y como se tratase de un convoy militar muerto andante, que no encuentra la paz y deja este mundo de los mortales.


martes, 26 de agosto de 2014

EL ESPÍRITU MALIGNO




Buenos días moradores del ático aquí les traigo una terrorifica historia de terror narrada por el equipo de voces anonimas.ponganse cómodos y disfruten de ella.


 


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domingo, 24 de agosto de 2014

EL FANTASMA DEL PIRATA BARBANEGRA




El cruel pirata Barbanegra (cuyo nombre real era Edward Teach) era un hombre de gran talla que hacía
honor a su apodo con una profusa barba negra que se extendía casi hasta la cintura. Solía peinar la barba en
trenzas adornadas con cintas de color negro, y sobre sus hombros llevaba una bandolera con tres pistolas.
Durante veintisiete meses, Barbanegra aterrorizó a los marineros del Atlántico y el Caribe, abordando
buques para escapar con su carga, y ultimando a la tripulación de aquellos navíos que osaban oponer alguna
resistencia. Solía realizar los ataques al amanecer o atardecer, amparándose en las sombras. El barco pirata
enarbola el pabellón de un país amigo al de la víctima, y luego izaba la bandera pirata en el último momento.
Cuando las víctimas se rendían voluntariamente, perdonaba sus vidas; por el contrario, su crueldad no tenía
límites ni conocía piedad cuando debía someter a sus enemigos.
En noviembre de 1718, Barbanegra se retiró a su refugio favorito, en la Isla Ocracoke. Allí, se celebró una
descontrolada fiesta pirata, donde el alcohol fluía entre grandes hogueras. La fiesta se prolongó durante días,
y varios ciudadanos de Carolina del Norte enviaron un mensaje al gobernador Alexander Spotswood de
Virginia. El Gobernador Spotswood inmediatamente ordenó a dos buques, al mando del teniente Robert
Maynard de la Marina Real, zarpar hacia Ocracoke y capturar los piratas.
El 21 de noviembre de 1718, Maynard y Barbanegra trabaron una dura batalla. Uno de los buques de
Maynard bloqueó la ruta de escape del barco de Barbanegra. Barbanegra dirigió La Aventura, tal era el
nombre de su nave, muy cerca de la orilla. Parecía que el pirata encallaría, pero en el último segundo el
buque encontró el rumbo a través de un estrecho canal.
Uno de los buques de la Armada encalló en un banco de arena intentando emular al pirata. Barbanegra
disparó sus cañones sobre este, causando gran cantidad de bajas entre los hombres de Maynard. Los
tripulantes que habían sobrevivido a la metralla, se escondieron bajo la cubierta, con la esperanza de engañar
a los piratas, haciéndoles creer que habían vencido. Cuando los piratas abordaron el barco, Maynard y sus
hombres los atacaron.
El choque fue sangriento. Barbanegra y Maynard se encontraron cara a cara, disparándose el uno al otro.
Barbanegra falló, pero Maynard alcanzó al pirata. Aún herido, Barbanegra desarmó al militar con su espada
y se preparó para dar la estocada final, pero uno de los hombres de Maynard lo degolló por detrás.
Barbanegra continuó luchando mientras la sangre manaba de su cuello. Fueron necesarios cinco disparos más y una veintena de cortes antes de que el pirata cayera muerto.
Maynard debe haber pensado que la única manera de asegurarse de la muerte de Barbanegra era
decapitarlo. Colgaron la cabeza del bauprés y arrojaron el cuerpo de pirata por la borda. Según la leyenda, a medida que el cuerpo caía al agua, la cabeza colgando del bauprés gritó: “¡Vamos Edward!” y el cuerpo sin cabeza nadó tres veces alrededor del barco, antes de hundirse hasta elfondo.
Desde ese día hasta hoy, sostienen, elfantasma de Barbanegra ronda la Isla Ocracoke en busca de su
cabeza. En ocasiones, elfantasma decapitado flota en la superficie del agua, o nada debajo de ella. En ciertas
oportunidades las personas refieren ver una extraña luz que viene de la orilla de Ocracoke Island. En las
noches que la luz fantasma aparece, si el viento sopla hacia el interior, todavía se puede escuchar elfantasma
de Barbanegra caminando de arriba hacia abajo y rugiendo: “¿Dónde está mi cabeza?

sábado, 23 de agosto de 2014

EL MIMO




Buenas noches moradores del atico hoy os traigo una inquietante leyenda urbana que circula por argentina y nos narra el equipo de voces anonimas.disfrutad de ella





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miércoles, 20 de agosto de 2014

EL CASTILLO ENCANTADO DE GLAMIS





A Sir Patrick Lyon, tercer conde de Strathmore y propietario del castillo de Glamis, le gustaba contar
una anécdota muy peculiar: Decía el conde que una noche de sábado en la que estaba jugando a las cartas
con su amigo el conde de Crawford, un criado osó advertirle de que se acercaba elsabbath.
Enfadado por la interrupción, el conde Patrick respondió que seguirían jugando y que si el demonio deseaba
unirse a ellos sería bien recibido. A medianoche el demonio en persona se presentó en la sala dispuesto a
aceptar la invitación. Jugaron una larga partida en el transcurso de la cual los dos condes perdieron su alma,
quedando condenados a pasar en aquella habitación desde el día de su muerte hasta elJuicio Final jugando a
las cartas.
Esta historia siempre ponía los pelos de punta al interlocutor del conde, acrecentando su aura de jugador
borracho y disoluto, y, sobre todo, la secular fama del castillo de Glamis como lugar maldito.
Situado en el valle de Strathmore, en Tayside, Escocia, el castillo de Glamis pertenece a la familia Lyon
desde 1372. La primera noticia de su existencia data de 1034, año en el cual elrey Malcolm II fue
asesinado entre sus muros por un grupo de rebeldes. Se dice que mientras huían en medio de la noche, los
asesinos se ahogaron en el cercano lago Forfar al quebrarse la superficie helada de este. Algunos afirman
que es con el asesinato delrey cuando comienza la historia sobrenatural del castillo. Otros sitúan su inicio en
1372, con la llegada de la familia Lyon desde Forteviot, pues los Lyon habrían traído con ellos un cáliz
acerca del cualse decía que si abandonaba alguna vez Forteviot acarrearía la desgracia sobre la familia.
De ser cierto, la maldición del cáliz tardaría aún 150 años en manifestarse. En 1538 Janet Douglas, Lady
Glamis por matrimonio, era injustamente condenada a morir en la hoguera, bajo la acusación de emplear
artes brujeriles en contra delrey Jaime V. El castillo pasó a poder delrey, hasta que a su muerte fue
devuelto a los Lyon. Aseguran que desde entonces el espectro de Lady Glamis es visto con frecuencia por
sus pasillos bajo la forma de una “dama blanca” o una “dama gris”.
Pero el de Lady Glamis no es el único fantasma que habita el castillo. También han sido vistos una anciana
portando un fardo, un hombre de barba canosa (supuestamente un antiguo prisionero fallecido de hambre en
elsótano), un paje negro con ropajes a la manera delsiglo XVII, un ser flaco al cualse le llamó Jack el
Corredor… Y el censo espectral no termina aquí.
En una ocasión, un huésped vio aparecer una cara pálida y ojerosa al otro lado de la ventana de su
habitación. Elrostro desapareció como si algo tirase de él, y entonces se escucharon unos chillidos horribles.
Otros huéspedes oían unos golpes en las paredes que no les dejaban dormir, y cuentan que esto le sucedió
también a lady Elizabeth Bowes-Lyon (futura Reina Madre de la actualIsabel II de Inglaterra), quien
pasó su infancia en el castillo.
En 1957 una pobre sirviente abandonó su trabajo aterrorizada porque todas las noches escuchaba en la
habitación contigua a la suya a Sir Patrick y el conde Crawford, los jugadores de cartas, arrojar unos
dados, golpear elsuelo con los pies y proferir terribles blasfemias.
Pero apariciones aparte, el mayor misterio del castillo es el conocido como “el horror de Glamis”, un
oscuro secreto familiar que cada conde ha de transmitir al próximo cabeza de familia cuando este cumple 21
años. Los rumores acerca delsecreto comienzan a circular a finales delsiglo XIX.
Según parece, Claude Bowes-Lyon, decimotercer conde, que murió en 1904, vivió toda su vida
obsesionado por este tema. Dicen que a un amigo que le preguntó por él le contestó: “Si te contara la
verdadera naturaleza delsecreto te postrarías de rodillas y darías gracias a Dios de que no fuera el tuyo”.
Existen indicios de que el enigma está relacionado con una habitación oculta. Tras encontrarla por accidente
en 1880, un obrero fue rápidamente despachado por el conde rumbo a Australia con una importante suma
de dinero en el bolsillo.
En los años 20 un grupo de huéspedes intentó localizar la cámara secreta, llegando a descubrir desde el
exterior su ubicación aproximada, pero el decimocuarto conde de Strathmore montó en cólera al enterarse y
no pudieron averiguar más.
Según la principal hipótesis, elsecreto consistía en el hijo deforme –si no abiertamente monstruoso– de uno
de los condes, que habría vivido recluido en aquella habitación, sobreviviendo a varias generaciones. Sin
embargo, esto no pasa de pura especulación, ya que el misterio continúa todavía sin ser desvelado.
Estas son algunas, pues hay más, de las leyendas que se entretejen en torno al castillo de Glamis, el cual
merecería con justicia el título de “Castillo más encantado de Escocia”.



jueves, 14 de agosto de 2014

HISTORIAS DE DROSS


Buenas noches moradores del atico ho os traigo 3 historias de terror narradas por dross disfruta de ellas





lunes, 11 de agosto de 2014

ANUNCIO MORTAL





(Guillermo Lockhart.)

Esto le sucedió a mediados de la década del setenta a Juan, un hombre que trabajaba en la fábrica de cerveza Norteña, una empresa sanducera que hace algunos años dejó de funcionar.

Juan cumplía turnos rotativos, por lo que realizaba su jornada laboral de mañana, de tarde o de noche. Cuando aquello terrible ocurrió, aquel día, le tocaba entrar en el horario nocturno, más precisamente a las tres de la madrugada.

Esa noche, Juan salió de su casa hacia la fábrica cervecera, como tantas veces lo había hecho, y comenzó a caminar las seis cuadras que lo separaban de la empresa.

Él sabía que el último tramo del camino era el más sombrío, dado que los árboles que custodiaban los costados del sendero casi no dejaban pasar la luz de la luna, a esa hora de la madrugada. Pero por alguna razón, aquella penumbra se había tornado más inquietante que nunca. Alguien estaba con él. Juan tenía la seguridad de que alguien lo acompañaba, y esa extraña sensación fue aumentando hasta que no soportó más y decidió darse vuelta.

Se tranquilizó cuando descubrió que el camino por el que venía estaba vacío, que no había nadie a sus espaldas. Sin embargo, cuando giró la cabeza para retomar su andar hacia la planta laboral, lo vio. Había un monje, o al menos eso parecía.

Era una figura vestida con una larga túnica negra y una capucha que impedía que se viera el rostro.
Juan quedó aterrado por el aura siniestra de aquella silueta. Sin embargo, más miedo sintió cuando escuchó el anuncio que le hizo. Desde el hueco negro que era su cara bajo la capucha, surgieron las palabras que lo condenaban. Aquel monje, o lo que fuera, le aseguró que moriría en el día de su próximo cumpleaños, más precisamente, le dijo que dejaría de existir el 20 de mayo de 1976, a las 19 horas exactas.

Fue tal el susto que experimentó Juan que ya no se dirigió a su trabajo, sino que regresó a su hogar. Pálido, temblando de pies a cabeza, el hombre logró contarle a su mujer lo que había pasado. Para Juan, aquel monje era la mismísima Muerte, la Parca en persona, anunciándole el día en el que lo vendría a llevar.

Tanto su esposa como todos aquellos que oyeron de boca de Juan el relato de su misterioso encuentro trataron de tranquilizarlo, de decirle que había sido víctima de un producto de su imaginación. A esas horas de la noche y en un camino tan sombrío, la mente podía haberle jugado una mala pasada.

Juan estaba seguro de lo que había visto y escuchado, pero aún así trató de convencerse de que los comentarios de sus amistades eran acertados. Intentó olvidarse de aquel anuncio funesto, de aquel monje oscuro. Y así pasaron los días, las semanas, los meses... Hasta que llegó el día de su cumpleaños.

Aquel 20 de mayo, Juan almorzó con su familia y compartió un café con algunos amigos que llegaron para saludarlo en su día. Eso lo mantuvo distraído por un rato. Hasta que, a eso de las cuatro de la tarde, se fueron. En ese momento comenzó a recordar la sentencia de muerte vaticinada por aquel extraño monje. Fue allí cuando sacó cuentas y se percató de que faltaban solo tres horas para la siete de la tarde, hora marcada como la hora de su muerte.

Juan sentía cómo su corazón se aceleraba y los pensamientos se arremolinaban en su cabeza, imaginando las diferentes formas en las que la muerte podría presentarse. Todo esto era demasiado para él, una locura, pero no podía dejar de pensar en ello. Así que ideó una manera de engañar, por unas horas, a su mente y olvidarse de sus peores miedos. Se le ocurrió ir al cine con su esposa. De esta manera, entraría a la primera función, la de las 18 horas y para las 19 estaría pensando en otra cosa. Seguramente nada acontecería y todo volvería a la normalidad.

Al llegar al cine, Juan y su esposa se sentaron en las butacas y comenzaron a disfrutar de la película. Pero, gradualmente, Juan empezó a sentirse mal. Primero percibió que algo no estaba bien a su alrededor, había algo que lo incomodaba. Después, directamente, empezó a descomponerse. Percibió un dolor punzante en la nuca que se fue haciendo más y más intenso, como si una mano lo presionara cada vez con mayor intensidad. Además, de pronto, tenía calor, mucho calor. Juan decidió, entonces, levantarse e ir al baño. Tal vez si se refrescaba se sentiría mejor.

Ante la mirada preocupada de su esposa, Juan se puso de pie y dejó su butaca. Encontró el pasillo que conducía al baño y, bastante mareado, tanteando las paredes, consiguió abrir la puerta del sanitario de hombres. Por suerte no había nadie. Comenzó a mojarse la cara, pero contrariamente a la frescura del agua, él sentía más y más calor.

La esposa de Juan resolvió que su marido estaba tardando demasiado y fue a buscarlo. Acompañada por uno de los acomodadores del cine, llegó hasta el baño de caballeros y, al no verlo, pensó que se habían desencontrado. De todas maneras, quiso asegurarse y empezó a abrir todas las puertas del sanitario. Detrás de una de ellas encontró a su marido sentado sobre un inodoro, con la mirada perdida. Juan estaba muerto.

Los médicos que examinaron el cadáver concluyeron que aquel 20 de mayo de 1976 Juan había muerto por un paro cardíaco. Y en el acta de defunción constó la hora de su fallecimiento: las 19 horas, en punto. Tal como la Muerte vestida de monje se lo anunciara.

La familia de Juan piensa que la Muerte cumplió con su palabra, que ella misma se presentó el día de su cumpleaños, a la hora indicada, para llevárselo, tal como aquel siniestro personaje había manifestado. Lástima que no le creyeron en su momento. Tal vez, de haberlo hecho, de haberse tomado más en serio el relato de Juan, sus familiares podrían haber evitado tan terrible desenlace.

domingo, 10 de agosto de 2014

LA SALSA AMERICANA


(alberto granados)

La abuela saludó con impaciencia al cartero, que aparecía en la aldea
tres veces por semana. El pueblo era pequeño, y el volumen de correspondencia
no justificaba tener abierta una oficina de correos.
—¡Hola, Mariano!, ¿cómo va todo? ¿Esta vez tengo suerte?,
—alzó la voz la anciana desde la entrada de su vivienda.
—Pues sí, hoy tiene suerte, señora Antonia; además se trata
de un paquete de su sobrino americano —le contestó el cartero
mientras descendía del todoterreno que utilizaba para el reparto.
—¡Hay que ver cómo es este muchacho!, siempre enviando
cosas. La última vez me llenó una caja con paquetes de galletas de
diferentes sabores, no te puedes imaginar el atracón que me di,
—dijo la anciana aproximándose.
—Bueno, y ¿cómo anda la familia? ¿Hace mucho que no ve a
sus hijos? —quiso saber amablemente el cartero.
—Un tiempecito ya, pero este fin de semana vienen todos a casa,
les estoy preparando una comida especial. —La abuela rebosaba
alegría. Viendo su semblante no cabía duda de que se sentía feliz.
—¡Qué envidia que me dan! Un día de éstos me tengo que
quedar a comer con usted porque me da que hace una comida impresionante.
¡Vaya hambre me está entrando! ¡Así que me voy, señora
Antonia! ¡Hasta el lunes! —El cartero hizo un ademán de despedida,
se subió al vehículo y arrancó.
—¡Adiós, hijo! ¡Que pases un buen fin de semana y ten mucho
cuidado con el coche!
La señora Antonia entró en la vivienda y procedió a desembalar
el paquete. Dentro sólo encontró un bote de cristal con unos
polvos de color grisáceo. Giró el bote, lo contempló por todos los
lados y no encontró ninguna descripción.

—¡Este chico!... ¿Qué serán estos polvos? Seguro que alguna
especia americana. Probaré a echarlos a las albóndigas de mañana;
los chicos se van a chupar los dedos.
Al día siguiente, la casa de la señora Antonia era un hervidero
de gente. Habían acudido sus tres hijos con sus respectivas mujeres
acompañados por una cuadrilla de nietos tan numerosa, que no
era capaz siquiera de recordar el nombre de cada uno.
—¡Uhmmm! ¡Siempre huele genial en tu cocina, mamá! ¡Se
me hace la boca agua! —le dijo Alberto, el mayor de sus hijos.
—Tú, que eres un glotón y todo lo que guiso te gusta. —Antonia
se sentía orgullosa de esa mano tan especial que tenía para
la cocina.
—¡Vamoooossss! ¡A comeeeeer!
Aquel entorno se había transformado en una especie de cuartel
alocado. Todos comenzaron a acomodarse como pudieron, y
después de las ensaladas, los embutidos y las verduras, aparecieron
las humeantes albóndigas.
—¡Uhmmm! ¡Esto está de cine mamá! —Alberto, el más locuaz,
se erigió en portavoz de la familia, los demás se limitaban a
asentir—. Pero digo yo... ¿les has puesto algo nuevo? ¡Saben de forma
diferente!
—¡Desde luego que sí! —dijo la madre orgullosa— ¡no se te
escapa una! Les he puesto una especia que me ha enviado vuestro
primo desde América.
—¿Y qué clase de especia es? ¿De la zona de donde él vive?
—dijo Alberto, intrigado.
—No lo sé, cariño. En el paquete que recibí ayer sólo venía el
tarro, no encontré nada más, ninguna carta.
La familia dio buena cuenta de toda la comida. Después llegaron
la tarta, el café, los licores. Sentados en el salón, prolongaron
la tertulia hasta que la noche se hizo presente. Sólo entonces la
casa comenzó a quedarse vacía.
—Bueno, mamá, hasta pronto. ¡Gracias por todo!, Ya hemos
visto que sigues siendo la mejor cocinera del mundo. Cuando lleguemos
a casa te llamamos. ¡Cuídate!
Cuando se fueron todos, Antonia recogió la cocina y guardó
las albóndigas sobrantes; pensaba darle una sorpresa el lunes al cartero.
Siempre que encontraba una oportunidad, éste le recordaba
las ganas que tenía de probar algún guiso suyo, y ése en particular
le había salido exquisito.Como todos los lunes, Mariano hizo sonar el claxon de su todoterreno.
Hoy había tenido una mañana muy complicada, por lo
que la entrega se había demorado hasta casi el mediodía. Era el momento
de la comida.
—¡Señora Antonia! ¡Carta de Estados Unidos!
Antonia esta vez lo hizo pasar y sentarse a la mesa.
—¡No quiero excusas! Hoy te comes un plato de albóndigas
que he preparado con todo mi cariño, y además te van a sorprender,
porque las he aderezado con el bote de especias que me envió
mi sobrino desde América. Le han dado un gusto diferente, pero
te aseguro que están exquisitas.
—¡De acuerdo! —en el fondo el cartero se sentía en la gloria—.
Con su permiso, llamo a casa y le digo a mi mujer que no me
espere.
Mientras el cartero disfrutaba con las sabrosas albóndigas, la
anciana comenzó a leer en alta voz la carta con membrete de una
firma desconocida de abogados.
Querida señora:
Nos ponemos en contacto con usted con la ingrata tarea de
informarle del fallecimiento de su sobrino Andrés Jimeno tras
un fatal accidente de tráfico.
Tal y como era su deseo le hemos enviado un recipiente con
sus cenizas para que las esparzan por el pueblo donde nació
y vivió.
No obstante, nos pondremos en contacto con usted y su
familia en unos días para hacerles saber la lectura del testamento.
Sin más, aprovechamos la ocasión para expresarles nuestro
más sincero pésame junto con un cordial saludo.
Firmado: Juan Antonio Fonseca y Diez
Abogado de Fonseca & Smith
El rostro de ambos cambió del embobamiento al horror. Mariano,
con la mano en la boca, intentó llegar al cuarto de baño
pero no lo consiguió y vomitó en pleno pasillo. La anciana cayó
desplomada en el sofá.
Una vez recuperaron el aplomo, y las náuseas y turbaciones
cesaron, acordaron tácitamente no revelar a la familia de la señora Antonia lo acontecido, a fin de que no tuvieran que soportar el
trauma que podría acompañarles el resto de sus vidas.
Como es de suponer, ninguno de los dos volvió a degustar
jamás un guiso con albóndigas.


sábado, 9 de agosto de 2014

LA NIÑA DEL RIO






Cuenta la leyenda que había una niña de 16 años llamada Carla, vivía en un manicomio. Carla era una chica inteligente, extrovertida... nadie se explicaba porque estaba allí. Sus padres juraban que la niña era problemática y que hacía cosas muy raras desde la muerte de su hermana gemela Natalia. Natalia murió ahogada en el río, lo que nadie entiende es porque apareció atada bajo el agua. Desde entonces Carla no era la misma, cuentan que salía cada noche al río con unas cuerdas entre las manos y que volvía siempre a la hora en la que fue encontrado el cadáver de su hermana. Cuando Carla llevaba unos meses en el manicomio los médicos querían que saliera, pero sus padres se negaban porque decían que el día 17 de julio en que Natalia fue asesinada , ésta se encontraba como poseida. Llegado el dia 17 de julio Carla empezó ha hacer cosas raras, decia frases sin ningún sentido y no dejaba de repetir:"Carla, sueltame" "no, Carla por favor", se acercaba a los médicos y les chillaba "dadme unas cuerdas, tengo que atarla esta maldecida"... los médicos asustados la llevaron a su habitación, y le inyectaron calmantes, cuadno por fin creían que se había dormido, salieron a llamar a sus padres. Cuentan que cuando llegaron los padres, Carla se había despertado, se había metido en la bañera y con las mismas cuerdas con las que fue atada su hermana, se ahorco dentro de la bañera... cuando los padres llegaron habían pisadas de sangre por todas partes y al entrar al baño, encontraron en la bañera el cuerpo de su hija con lágrimas de sangre en los ojos, ahorcada y una frase que decía "tu me mataste y morirás conmigo". Al tiempo se descubrió que Carla estaba poseida por su hermana Natalia y que desde entonces cada 17 de julio ésta intentaba matarla, hasta que ese mismo día del año 2007, ésta lo consiguió. Cuentan que para los padres quedó una pena muy grande, puesto que eran sus únicas hijas, y cada noche antes de acostarse van a la habitación de las niñas a darles las buenas noches, porque segun ellos las niñas padecían amarradas a la cama mojadas y sin dejar de decir que tienen frio, tambien se dice que se las a visto pasear de la mano , por el rio cada dia a la misma hora, la hora en la que fueron asesinadas