jueves, 5 de diciembre de 2013

JUGANDO A LA ESCONDIDA

Buenas y frías noches moradores del ático hoy os traigo una apasionante historia de terror narrada por el equipo de voces anónimas espero que os guste



ya sabeis que podeis mandarnos vuestras historias,experiencias etc  ala siguiente dirección


os pedimos paciencia porque lo tenemos un poco saturado pero iremos poniéndolo todo y nada,que disfruteis del video.

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miércoles, 4 de diciembre de 2013

El rastro de Charles Ashmore



La familia de Christian Ashmore estaba formada por su esposa, su madre, dos hijas mayores y un hijo de dieciséis años. Vivían en Troy, en el estado de Nueva York, eran gente pudiente y respetable, y tenían muchos amigos, algunos de los cuales, al leer estas líneas, sin duda tendrán noticia por primera vez del extraordinario destino de aquel joven Desde Troy, los Ashmore se trasladaron en 1871 o 1872 a Richmond, en Indiana, y un año o dos más tarde a la región de Quincy, en Illinois, donde Mr. Ashmore compró una granja en la que vivió. A corta distancia de esa granja había una fuente de la que manaba
constantemente un agua clara y fresca, de la que la familia se abastecía para uso doméstico en todas las estaciones del año.
En la noche del 9 de noviembre de 1878, a eso de las nueve, el joven Charles Ashmore abandonó el círculo familiar en torno al fuego, cogió un cubo de estaño y se encaminó hacia fa fuente. Como no regresaba, la familia comenzó a intranquilizarse y, dirigiéndose a la puerta por la que había salido, su padre empezó a gritar sin recibir respuesta alguna.Encendió entonces una linterna y, en compañía de la hija mayor, Martha, que insistió en ir con él, emprendió su búsqueda. Había nevado ligeramente y, aunque el camino había sido borrado, se podía distinguir el rastro del joven: sus huellas aparecían marcadas con claridad. Después de recorrer poco más de la mitad del camino, unas setenta y cincoyardas, el padre, que iba el primero, se detuvo y, elevando la linterna, escrutó en la oscuridad que se abría ante él.
-¿Qué pasa, padre? -preguntó la muchacha.
Esto era lo que pasaba: el rastro del joven terminaba de repente, y más adelante todo era nieve lisa, sin hollar. Las últimas huellas se distinguían con tanta claridad como las del resto de la estela; hasta las señales de los clavos eran apreciables. Mr. Ashmore miróhacia arriba, colocando su sombrero entre los ojos y la linterna. Las estrellas brillaban; no había ni una nube en el cielo. La explicación que se había dado a sí mismo, por muy dudosa que hubiera sido (una nueva nevada con un límite tan claramente definido), cayó
por su propio peso. Describiendo un amplio círculo alrededor de las últimas huellas, con el fin de dejarlas como estaban para un posterior examen, el hombre prosiguió su camino hasta la fuente, con la joven detrás, desfallecida y asustada. Ninguno había dicho una palabra acerca de lo que ambos habían visto. La fuente aparecía cubierta por un hielo de horas.
De regreso a la casa advirtieron que había nieve a ambos lados del camino y en todo su
recorrido. No había ninguna huella en él. La luz del día no evidenció nada más. Lisa, sin huellas, intacta, la fina capa de nieve lo cubría todo.
Cuatro días después la afligida madre en persona fue por agua a la fuente. Cuando regresó contó que, al pasar por el lugar en el que las huellas habían desaparecido, escuchó la voz de su hijo y que ella le había llamado con impaciencia mientras daba vueltas por el paraje, pues le había parecido que la voz venía unas veces en una dirección y otras en otra, hasta que se sintió agotada por el cansancio y la emoción. Al preguntarle lo que había dicho la voz, fue incapaz de repetirlo, aunque afirmó que las palabras eran perfectamente claras. En un instante toda la familia se dirigió al lugar, pero no oyeron nada, y llegaron a la conclusión de que la voz era una alucinación producida por la gran ansiedad de la madre y sus trastornados nervios. Pero luego, durante meses, a intervalos irregulares de unos cuantos días, la voz volvió a ser oída por varios miembros de la familia y por otra gente. Todos declararon que, sin lugar a dudas, se trataba de la voz de Charles Ashmore;todos coincidieron en que parecía venir de muy lejos, pues era muy débil, y en que la
claridad de su articulación era completa. Sin embargo, ninguno pudo determinar su procedencia, ni repetir sus palabras. Los intervalos de silencio se hicieron cada vez
mayores, y la voz cada vez más débil y lejana, hasta que, hacia la mitad del verano, dejó de oírse.
Si alguien conoce el destino de Charles Ashmore, es probablemente su madre. Pero ha muerto.




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