martes, 25 de octubre de 2011

LA CASITA DEL PUEBLO


La historia que voy a contar le pasó a mi padre cuando era jovencito.


Tenía 19 años y vivía en Francia, en una casa bastante grande que estaba a las afueras, rodeada de campo.

Mi padre tenía dos hermanas más pequeñas, la más pequeña de los tres tenía 6 años y solía subir a jugar a la buhardilla con las muñecas.

Un día empezó a decirle a mi padre que cuando subía a jugar siempre oía ruidos como si tirasen algo redondo y rodase por el suelo, pero que luego nunca veía nada. Mi padre le quitaba importancia puesto que pensaba que eran las típicas imaginaciones de una niña, pero mi tía insistía en que se oían ruidos sin verse nada.

Mi padre se lo contó a mi abuelo y viendo que mi tía dejó de subir allí a jugar decidieron comprobar un día si era cierto que se oían esos ruidos extraños.

Subieron arriba, se colocaron uno a cada lado de la buhardilla con una linterna cada uno y todo apagado y si oían algo encender las linternas para ver si verdaderamente había algo allí que provocase los ruidos.

Permanecieron un buen rato allí parados esperando, y de repente, verdaderamente se empezaron a oír ruidos como los que había mencionado mi tía. Un sonido como si tirasen una nuez desde arriba del todo y cayese rodando por el suelo, y en ese momento encendieron las linternas pero no consiguieron ver nada, de manera que las apagaron y esperaron otra vez pensando que habían llegado tarde a encenderlas y que sería alguna rata o algún animal que se habría colado.

Estuvieron así un buen rato sin conseguir ver nada, pero oyendo los ruidos que cada vez eran más frecuentes, y al final desistieron y bajaron. La historia quedó ahí y pasaron varios días, uno de ellos le dijo mi abuelo a mi padre que tenía que bajar al pozo a por agua porque no había, le agarró mi abuelo con cuerda (ya que no podía coger el agua de otra manera) y le bajó abajo.

Estaba bastante oscuro y mi padre un poco asustado, pero tenía que bajar. Así que bajó, se desató y empezó a subirle cubos de agua a mi abuelo, hasta que sintió cómo una presencia detrás de él le respiraba cerca. Mi padre se giró rápidamente para ver si veía algo y oyó cómo unas voces suplicaban que desapareciesen de allí, que no pretendían hacerles daño, pero que ésa era su casa y habían muerto allí y no se iban a ir. Mi padre se quedó blanco gritándole a mi abuelo que por favor le subiese mientras
comenzó a ver dos personas que se aparecían mientras le suplicaban que se alejaran de allí.


Mi abuelo subió a mi padre, que estaba pálido y temblando y con la voz entrecortada le explicó que los famosos ruidos de la buhardilla eran de estas almas que se le habían aparecido y que tenían que desaparecer de allí cuanto antes.

En cuanto pudieron se marcharon y la dejaron vacía como ellos pidieron. Mi padre me contó esta historia hace ya muchos años, yo al principio no me creía que estas cosas pudieran ser ciertas, pero creo que mi padre no me mentiría en algo así y nunca olvidará esas almas que se le aparecieron para cumplir un deseo y descansar en paz.

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