viernes, 21 de mayo de 2010

EL SEÑOR DEL VENENO




Cuentan en la Ciudad de México que el Cristo negro que se venera en su catedral es en realidad réplica de otro, destruído en un incendio. Y que aquel Cristo original, fue, hace ya muchos años, protagonista de un hecho milagroso.
Dicen que Don Ismael Treviño era un hombre de negocios rico y próspero, pero la envidia y los celos no le permitían disfrutar de su bonanza. Treviño odiaba especialmente a Don Fermín de Andueza, que además de rico y exitoso, era querido por todos a causa de su generosidad y buen corazón.
La envidia que Ismael Treviño sentía hacia él era tan grande, que, no conforme con tratar de arruinar sus negocios, decidió un día matarlo. Fue así como inoculó un veneno de efecto retardado en un pastel y lo entregó a Don Fermín Andueza diciéndole que era regalo de un amigo en común, un importante concejal. Don Fermín no sospechó, y tras comer el pastel se dirigió, como cada día, a la iglesia. Treviño lo siguió para contemplar la consumación de su terrible obra.
Cuentan que luego de rezar y depositar unas monedas para la limosna, Don Fermín besó los pies del Cristo crucificado que presidía la nave principal, como hacía cada día antes de dejar la iglesia. Y que el Cristo, ante la sorpresa de los presentes, encogió sus piernas y se volvió completamente negro al contacto de la boca de Don Fermín.
Sólo Ismael Treviño, desde un banco en el fondo de la iglesia, comprendió la verdad: el Cristo había absorbido el veneno para evitar la injusta muerte de una persona buena. Conmovido y arrepentido, Treviño confesó todo, y aunque Fermín Andueza lo perdonó, abandonó la ciudad sin que volviera a saberse de él.
Otras versiones de esta leyenda sostienen que un ambicioso sacerdote había envenenado los pies del Cristo, celoso de un buen padrecito que cada mañana los besaba con devoción. Y que al acercarse este buen padre a la mañana siguiente, el Cristo encogió los pies y se ennegreció por completo para evitar así la muerte de su siervo fiel.
Versiones más prosaicas sostienen que los Cristos negros, venerados también en Guatemala y Panamá, son producto de años y años de humo de velas, que ha terminado por oscurecer la madera.

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