lunes, 31 de mayo de 2010

ADIOS AL MITO DE LA LUNA SANGRIENTA






Uno de los mitos más célebres que existen es el que cuenta que en noches de Luna llena cientos de personas enloquecen y son capaces de cometer los más atroces asesinatos. Una afirmación que prolifera en nuestra cultura desde siglos pasados, una obsesión del ser humano por entender los extraños comportamientos de algunos congéneres. Tanto los primeros filósofos griegos como los científicos actuales se han preguntado si el influjo de la Luna puede alterar nuestros comportamientos psíquicos y físicos.

La premisa en la que se han basado gran parte de los expertos contemporáneos es la siguiente: “en las noches de luna llena, urgencias recibe más víctimas de agresiones”. Por tanto, un equipo de investigadores de Alicante decidió verificar si realmente esta leyenda realmente ocurría. Asimismo, también se analizó en Estados Unidos si la epilepsia empeora según la fase en la que se encuentra la luna. En ambos casos los resultados revelan que todo es falso.

No obstante, muchas personas siguen pensando que según la fase lunar cambia nuestro estado de ánimo. Por ejemplo, la Luna creciente se relaciona con todo lo que tenga que ver con el crecimiento y la Luna menguante con todo lo que se reduce y disminuye. Por tanto, si queremos cortarnos el pelo es mejor hacerlo en creciente, pero si vamos al dentista que sea en menguante (para sangrar menos). Es decir, son pequeñas muestras de hasta dónde ha llegado la sabiduría popular sin ninguna base real o científica.

Nunca más será válida la afirmación de “está demostrado científicamente que la luna influye en nosotros”. También se extrapola esta descartada “influencia” a la agricultura y las mareas. Sin embargo, en el caso de las mareas sí existe una explicación científica. Ésta dice que se debe a la Ley de Gravitación de Newton, lo que define la poderosísima atracción de nuestro satélite, la Luna, hacia la Tierra. De ahí, que las mareas se vean alteradas. Lo mismo no ocurre en los otros casos, ya que son producto de la imaginaria supersticiosa.

Es presumible que muchas de estas creencias son un fiel legado de las observaciones que hacían nuestros ancestros del cielo y la Tierra. Quizás hubo un sangriento asesinado que coincidió con la luna llena, o un ingenuo agricultor relacionó una buena cosecha al observar un noche de luna creciente. Gran parte de las leyendas y mitos nacen como reacción ante un pequeño acontecimiento, convirtiéndolo en un asunto de gran relevancia. Ahora bien, poniéndonos serios, es un consuelo que la Luna no tenga nada que ver con los trastornos psiquiátricos






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