jueves, 1 de mayo de 2008

EL SONIDO DEL SILENCIO


Eran las cuatro y media de la mañana y seguía dando vueltas en la cama. El sonido del silencio lo perturbaba de manera alarmante y se levantó, tan sólo para hacer algo de ruido. Caminó hacia el baño y se dedicó por espacio de treinta segundos a hacer pis. Volvió a su pieza, y a medio camino se dio cuenta de que no hacía ruido. Nada, ni un poco. Volvió sobre sus pasos, esta vez atento a sus movimientos, pero nada se oía.
Una gota de transpiración corrió silenciosa por su frente.
Se pasó la lengua por los labios, estaban resecos, comenzaba a ponerse nervioso. Caminó hacia el living - comedor y el silencio lo aplastó con una tangibilidad evidente a todas luces. Se pasó una mano por la frente, sacándose la gota que le molestaba silenciosa. Subió la cortina, cotidianamente ruidosa. Silencio.
Salió al mudo balcón, los autos pasaban callados, los tacos de las puntas que paraban en su esquina resonaban sin sonido.
Se sintió aterrado, pronto se le aflojó la vejiga nuevamente. No la oyó, sólo sintió su pierna mojarse y la orina cayendo calladamente hacia el suelo del balcón.
¡Una mano lo tocó!
El hombre pegó un grito mudo y se dio vuelta, su corazón latía con una fuerza silenciosa. Su esposa lo miró con sueño y le dijo que volviera a la cama, sin sonido, con las palabras vagando por el aire sin encontrar un lugar donde reposar. Él la miró, la tomó del hombro y le gritó con todas sus fuerzas algo ininteligible y silente, ella ni lo miró, y se fue a la cama. El hombre comenzó a reír hasta que su garganta enronqueció y luego de no escuchar ni siquiera su propia risa subió a la baranda del balcón y de un mudo salto cayó sin hacer ruido a la vereda. Sus órganos estallaron en silencio, y la sangre del hombre salpicó el asfalto en mudas gotas que se escurrieron en un mudo hilo hacia una alcantarilla.

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